martes, 21 de julio de 2020

VOCES DE HOY EN EL TIEMPO / N° 11




EN OTROS TIEMPOS, HOY
Por: Jorge Oscar Bach


¿Cuál es el primer producto de la literatura occidental, producto que conservamos
intacto y que podría ser considerado por los inclusionistas como ciencia ficción?
¿Qué le parece La Odisea de Homero? No trata sobre ciencia, en un mundo que todavía no la había inventado; pero sí trata sobre el equivalente de los monstruos
extraterrestres, como Polifemo y sobre gente que dispone del equivalente
 de una ciencia avanzada, como Circe.

Isacc Aimov. (1)


Hubo un tiempo en que existieron humanos y dioses. Cada con su naturaleza y cada uno en su mundo. Los dioses crearon, observaron y juzgaron las actitudes del ser humano. La idea de desprotección frente a los males sufridos en la tierra (guerras, hambrunas, plagas, pestes…), la tensión provocada por la idea de lucha permanente entre el bien y el mal aproximaron al humano a la figura divina y a la idea de un dios esencialmente protector, juez, creador, digno de alabanza, de temor, incluso, de terror.
Con el transcurso de los siglos, los seres divinos tomaron forma humana y participaron de los proyectos humanos. Se unieron a ellos o los denostaron. De la unión entre dioses y humanos surgieron los forjadores de las civilizaciones clásicas. Dios hecho hombre intentó transformar, desde la conversión de la naturaleza humana, el orden del mundo (ordo amoris).
El proceso de desarrollo del ser humano, la visión del mundo desde una perspectiva diferente, condujo al hombre a la búsqueda racional de Dios, hecho que no le impidió que desarrollara su propia inteligencia, que inventara,  que co-creara, creara o recreara. Entonces el hombre se hizo centro del mundo y encontró explicaciones naturales a hechos que antes consideraba producto del fastidio o de la providencia divina.
El hombre creador comenzó a sentirse orgulloso de su creación y, por ende,  a reverenciar su propia imagen. El hombre cambió su postura frente a Dios, a su creador; aunque no le buscó su verdadero rostro. Lo desplazó y encontró un nuevo dios al que comenzó a temerle, paradójicamente, su creación. El doctor Jeckyll le temió a Hyde; Frankenstein, a su creatura; el físico, a la bomba nuclear; el ingeniero, a su robot; el ingeniero en sistemas, al Sistema, la Inteligencia Artificial.
Hoy, el nuevo mito regresa al hombre a su temor inicial.  Hoy el Sistema se ha adueñado de la vida del hombre y  puede ser benévolo con él, si le responde adecuadamente. Por otra parte, considera que el Sistema es poderoso, ¿cómo enfrentarlo? Lo agobia y le debe pleitesía. A partir de aquí el individuo vive alineado, conectado al Sistema, del que se considera esclavo pues es cautivado por los medios y recursos que este le impone.
Antiguamente, los dioses sustituían la inseguridad del hombre; eran generadores de fuertes vínculos entre humanos, los dispensadores de la verdad. Hoy “vamos a trabajar; vamos a estudiar, salimos de compras, al cine, a divertirnos en general, en fin, vamos a los servicios que ofrece la ciudad a visitar a los parientes y amigos. Todo puede hacerse hoy en el ciberespacio (2). El Sistema, desde el ciberespacio, nos ha puesto en línea. Este es el nuevo culto y el surgimiento de un nuevo mito, el mito de la linealidad, que no es nuevo.
La linealidad nos enfrenta, desde esta óptica, por un  lado, a un problema moral, que es justamente una de las cuestiones a la que responde el mito, relacionado con la dependencia adictiva, con el sometimiento del hombre a su propia creación; o, por otro lado, la linealidad es la imagen visible de algún tipo de dependencia.
De Kerchove afirma que “las más lentas burocracias estatales se están abriendo a la idea de que las llamadas superautopistas electrónicas son absolutamente tan necesarias para su supervivencia como el mantenimiento de las autopistas y calles reales; por no decir más necesarias aún. Esta toma de conciencia se debe a factores obvios y también a otros no tan claros. Los evidentes son los económicos: por ejemplo, cualquiera puede observar que la televisión ha determinado la mentalidad y la realidad del mercado de la mayor parte del mundo desde comienzo de los años sesenta. El rápido crecimiento de los ordenadores personales desde principios de los años ochenta ha enseñado que la pantalla podría ser también el foco de interminables variaciones en los productos domésticos y quizás rivalizar con la industria del automóvil en el sostenimiento de las economías nacionales” (3).
A los factores no tan claros mencionados por de Kerchove, Tolkien los explica con una palabra, poder. Y no es extraña esta acertada simplificación de Tolkien. El arte intentó e intenta dar una respuesta a los problemas existenciales del hombre. Tolkien insistió en que “todo el éxito de la sub-creación necesariamente conduce a la verdad moral” (4). Las mismas cuestiones del mito antiguo: la moral, el destino, la creencia, el encuentro con el origen, la búsqueda de perspectiva futura, se hacen presentes en la literatura y el cine modernos. Desde las obras clásicas hasta Simulacron 3, de Daniel Galouye; Neuromante, Conde Cero, Quemando Cromo de William Gibson; hasta las películas de los últimos 30 años (cuarenta si incluimos la aparición de la película Blade Runner y su abordaje del tema del sentido de la existencia) que han planteado el problema de la supremacía del Sistema, como The Matrix, Terminator, y otras basadas en la obra de Isaac Asimov y Philip K. Dick, confirman que podemos haber evolucionado tecnológicamente; pero el pensamiento humano, no. Los planteos siguen siendo los mismos, tal vez, ampliados y deteriorados: por un lado, hay quienes consideran al hombre actual como responsable de la destrucción del medio ambiente; por otro, la indiferencia que esgrimen los poderosos frente a la naturaleza y la realidad ajena justificada en sus ansias de dominio.
Ya lo declaró el agente Smith (programa protector de la Matriz) al héroe, profeta, sacerdote Morfeo, en la película The Matrix:
«Quisiera compartir una revelación que he tenido durante el tiempo que he estado aquí. Me llegó cuando traté de clasificar su especie. Me di cuenta de que realmente ustedes no son mamíferos. Cada mamífero en este planeta desarrolla instintivamente un equilibrio natural con el ambiente que lo rodea; pero los seres humanos, no.
[Los humanos] se trasladan a un área y se multiplican y multiplican hasta consumir cada recurso natural. La única forma de sobrevivir es instalarse en otra área. Existe otro organismo en este planeta que sigue el mismo patrón: El virus. Los seres humanos son una enfermedad, un cáncer para este planeta, una plaga.»
No es extraño, entonces, que la literatura, desde las utopías y distopías, paradójicamente recurrentes en sus temas y enfoques, haya creado una forma loable de encontrar respuestas a la realidad perturbadora del hombre actual.
Tal vez, el hombre deba al fin aceptar la idea de que la creación está incompleta y que también necesita de su mano y de su madurez. La literatura puede iluminar este camino.

(1)   ASIMOV, Isaac. Sobre la Ciencia Ficción.
(2)   CÁCERES, Jesús Galindo. Ciberespacio, Cibercultura, Cibersociedad.
(3)   de KERCHOVE, Derrick, La piel de la cultura
(4)   BOFFETTI, Jason. La imaginación católica de Tolkien.









Erik Axel Karlfeldt

Nació  el 20 de julio de 1864 en Karlbo, Suecia. Perteneció a una familia de mineros. Estudió en la Universidad de Upsala y, más tarde, fue docente y trabajó para Biblioteca Real de Suecia, en Estocolmo.
En el año 1904, fue elegido miembro de la Academia Sueca; en 1905 fue elegido miembro del Instituto Nobel de la Academia y, en 1907, del Comité Nobel. Ya en el año 1912 fue nombrado Secretario Permanente de la Academia. Este puesto de honor lo mantuvo hasta el momento de su muerte. En 1918, rechazó el premio Nobel de literatura.
La Universidad de Upsala galardonó a Karlfeldtcon en 1917 con el título de Doctor honoris causa 
En 1931, año de su fallecimiento, fue galardonado con el premio Nobel de Literatura.
Como poeta, alcanzó desde el principio una gran popularidad, figurando hoy en día como uno de los más grandes poetas suecos. Dotado con gran sentido del humor y de la fantasía, como se refleja en Fridolins visor (Baladas de Fridolín, 1898), en Fridolins lustgård (El jardín de Fridolín, 1901), Flora och Pomona (1906) y Flora och Bellona (1918). La naturaleza y la vida en el campo suelen ser los temas principales de sus obras.

EL TEMPLO DE LA CARIDAD (*)

Sabemos que llegará
un día al poder y a la cima,
donde las salas están desiertas
y donde los sacerdotes del yo celebran
su cruel culto a Moloch.

Como en adviento sube el cántico
presa de santa espera,
lleno el pecho de veneración.
¿Hasta cuándo tardará ella?
Asciende, oh mundo,  y practica
salmos en honor del altísimo,
¡sal y adorna el camino
Con hojas de abedul y palmas!

¡Echa abajo los dorados garitos,
los palacios de vicio y deshonor,
levanta casas y graneros
allá donde ella aparezca!
¡Ningún ojo mira todavía
la estrella que te anuncia,
nadie conoce tu tiempo;
pero, mientras avanza la noche
más y más, esperamos tu día,
oh, madre caridad!

¡Ve, tus templos, se alzan
en todos los verdes bosquecillos!
Allá van los reyes de la tierra
e inclinan sus coronas;
vacilantes, se congregan,
los cansados, los viejos,
para hallar reposo allí.
Allí sanan mentes muertas,
allí se extinguen recuerdos de miseria
y deseos egoístas.

¡Ve, los judíos de la tierra llegan
con sus bolsas de oro!
Las nuevas generaciones florecen
bajo techos seguros;
el amor anda en sueños
junto a arroyos sombreados,
ni pecado ni tristeza conoce.
Y los poetas de la tierra se acercan
al frescor del veraniego día,
y la ofrenda de sus canciones arde
ante la señora del mundo,
la diosa Caridad 
E


 ANTE LA PAZ (*)


Habla la tierra: casi estoy fatigada de apresurarme
Como una llama de combate roja a través del espacio             
                                                                       [nocturno.
Esconde en nubes, luna tu siniestra hacha,
ilumínate, sol, en sofocante vapores oculto.

Himnos de cementerio, campanas de caídas catedrales
Cantan mi triste camino a través de los páramos estelares.
Y, sin embargo, en mis valles viven suaves enanos,
que sigan edificando casas para su propia paz.

Habla la luna: pesa mi brazo de tanta arma,
herido está mi pie de cascos y de espinas.
Quiero ir a mi hogar, salir de esta trampa y cárcel,
a mis campos y viñedos relucientes de rocío.

Ante mí la piadosa hoz se vuelve hacha,
la manta de Caín arde en la leña del hogar.
Estoy cansada de seguir falsos honores,
Eleva el pendón de la reconciliación, tú, dorada paz.

Habla el corazón: aquí, en mi rincón, tú, duro
frío, ruidoso mundo, encontraré la serenidad.
He guardado semillas de praderas muertas,
granos durmientes, que esperan florecer de nuevo.

Hasta que resuenen los nuevos campos,
hablaré sin sonido como una música inaudible.
Canciones durmientes, llegadas de labios y cuerdas,
llevo yo a nuevas generaciones a modo de herencia.

La llama de la vida aletea entre vientos y riesgos,
el aceite de la vida se derrama a chorros.
Hasta que vuelva a reinar la calma conservaré yo
mi sangre fresca e incólume y cálida.

Donde voy, protegido, entre los hijos de la guerra,
sonreiré a los días de la tormenta y la ira,
porque sé que la más alta plegaria de la tierra
no clama victoria, paz clama.




(*) Traducción: Jesús Pardo de Santayana




William Gibson

Nació en 1948 en Carolina del Sur. Vive en Vancouver, Columbia Británica. Ha publicado entre otros libros Neuromante, Conde Cero y Mona Lisa Acelerada.

Fragmento de “Quemando Cromo” (*)
La promesa de dolor. Está ahí cada vez. Sabes qué va a pasar, pero no sabes cuándo ni exactamente cómo. Uno trata de aferrarse a esas incertidumbres, de merecerlas en la oscuridad. Pero si te preparas para el dolor, no funcionas. Ese poma que Hiro cita: Enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos.
Somos como moscas inteligentes que deambulan por un aeropuerto internacional; algunas conseguimos colarnos en algún vuelo a Londres o a Río, quizá hasta sobrevivir al viaje y regresar luego.
-Eh –dicen las otras moscas- ¿qué pasa al otro lado de esa puerta? ¿Qué saben ellos que no sepamos nosotros?
Al llegar al borde de la Autopista, todos los lenguajes humanos se te desenmarañan en las manos… excepto, quizás, el lenguaje del chamán, del cabalista, el lenguaje del místico decidido a cartografiar categorías de ángeles, de santos, de demonios.
Pero la Autopista tiene sus reglas y hemos aprendido algunas de ellas. Eso nos da algo a qué aferrarnos.

(Del cuento Regiones Apartadas)


-No lo quieras saber; sin duda eres impresionable. “Era una cabeza fría –dijo ensayando un mal acento sureño- y metálica”. Hacía ruidos electrónicos. Eso es auténtico, amigo, un material que llega directamente del inconsciente colectivo; esa niña es una bruja. No tiene sitio en esta sociedad. Habría visto al diablo si no hubiese crecido con “El hombre biónico” y todas esas reposiciones de “Star Trek”. Está conectada a la vena principal. Y sabe que eso le sucedió. Me fui diez minutos antes de que apareciesen los fanáticos de los ovnis con el polígrafo.
(Del cuento El continuo de Gernsback)

(*) Traducido por José Arconada y Javier Ferreira
DISCUSIONES  Y UTOPIAS
Olga Reni

Observemos brevemente el, a veces, irrefutable discernir sobre la verdadera base de ciertos temas esenciales que preocupan al ser humano. Este, de acuerdo a sus estudios, educación y costumbres, escucha, lee o no a especialistas en la materia que lo preocupa; en ocasiones clasifica, disiente o aprueba y finalmente vuelca su pensamiento, (por lo general creído ineludiblemente certero), sobre quienes lo rodean, o bien lo expande en sentido universal.
Se sobreentiende que todo tema es discutible, especialmente remarcable en lo referente a las utopías; pero aquellos más obcecados suelen levantar un tembladeral y muchos se apresuran a opinar con detalladas comparaciones entre los estudiosos que exponen o publican su pensamiento, tras todo lo cual, pulula la tendencia social de cada uno.
Se produce entonces una espiral indefinida. ¿Esto es así? o bien ¿es esto otro?  En esa espiral suele prevalecer la cordura que no todos poseen además de considerar que el tiempo se ocupa de hacer caer las pirámides más altas del pensamiento, regido por cada época, con demostraciones posteriores.
Tomemos como ejemplo un tema importantísimo, entre tantos, el tiempo con su controvertida eternidad, el que  dentro de la religión cristiana, ha sido analizado hasta el cansancio a través de siglos; pero cuya vigencia, aunque debilitada, aun se mantiene con su llama encendida para inquietar (o adoctrinar) lo primordial del ser que es su espíritu.
En tal sentido, creo será beneficioso referirme al análisis realizado por nuestro eximio Borges, quien en sus Historia de la eternidad  y Discusión,  se refiere a las  teorías del tiempo y su implícita eternidad.
Resumo las bases de su pensamiento. Respecto al tiempo manifiesta: “un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica”.
Partamos de las bases teóricas de pensadores como Platón, que nos dice que el tiempo es una imagen móvil de la metafísica; y Borges, desde su propio análisis, nos recalca “las oscuridades inherentes al tiempo: misterio metafísico, natural, que debe preceder a la eternidad que es hija de los hombres”. Una de esas oscuridades es la que “nos impide precisar la dirección del tiempo, que fluye del pasado hacia el  porvenir. Es la creencia común”. Otra oscuridad es: “sincronizar el   tiempo individual de cada persona con el tiempo general de las matemáticas, a lo que Borges, reformándola alega: “Si éste es un proceso mental ¿cómo lo pueden compartir miles de hombres, o aun dos hombres distintos? A lo que agrega la eternidad “cuya despedazada copia es el tiempo”, para definirla como “un juego o una fatigada esperanza”.
Así, nos introduce en un suceso que le ocurrió al visitar luego de treinta años un antiguo barrio y encontrar casas, veredas y tierra iguales a las ya conocidas, pensando que se hallaba realmente “en mil ochocientos y tantos”, por lo que en ese instante se sintió “muerto,  percibidor abstracto del mundo”.  
Es casi innecesario recordar sobre la eternidad, que el ser humano, desde su más íntimo pensamiento, salvo por males físicos o psíquicos que no logra soportar, por lógica, no desea morir. Sin recapacitar mayormente en las consecuencias, el individuo es proclive a desear vivir muchos años y considerar íntimamente la utopía de ser eterno sin evidenciarlo.
Observemos entonces desde la perspectiva religiosa, tan importante, el pensamiento de Borges quien, según sus propias palabras, se consideraba un agnóstico, que como tantos creía en Dios (mencionado frecuentemente en sus obras), pero no en la abstracción que significa la Trinidad, de Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Así, dentro de esta estricta doctrina religiosa y su prédica, podemos deducir, por ejemplo, referente al tiempo eterno del infierno, el ineludible significado de sentido terrorífico que tiene para el cristiano. Si comete pecados en su vida terrena, sufrirá el infierno eterno. Un castigo sin fin.
Dante Alighieri a través de Canto al Infierno en su extraordinaria Divina Comedia, nos ofrece imágenes espectrales de las almas sufrientes conducidas por ese monstruo de tres cabezas, denominado Cerbero, (Cancerbero) nacidas de su imaginación, pero de las que se logra deducir el significado terrorífico que en definitiva puede tener para el cristiano.
Borges por su parte, hace referencia a la duración del infierno “como una especulación que ha ido fatigándose con los años. Lo descuidan los mismos predicadores, desamparados tal vez de la pobre, pero servicial, alusión humana, que las hogueras eclesiásticas del Santo Oficio eran en este mundo: tormento temporal sin duda, pero no indigno dentro de las limitaciones terrenas de ser una metáfora de lo inmortal, del perfecto dolor sin destrucción, que conocerán para siempre los herederos de la era divina”. Y nos interioriza además sobre lo que manifestó el teólogo evangélico Rothe, a mediados del siglos XIX: “eternizar el castigo es eternizar el Mal “ y agregaba “Dios no puede querer esa eternidad para su Universo”, insistiendo en “el escándalo de suponer que el hombre pecador y el diablo burlen para siempre las benévolas intenciones de Dios”, por lo que Borges subraya: “la teología sabe que la creación del mundo es obra de amor. El término predestinación para ella, se refiere a predestinación a la gloria”.
Para finalizar, Borges nos advierte las diversas razones que la humanidad alega a favor de la eternidad del infierno. Una de ellas consiste precisamente en el temor que nos ocupa, en su tiempo eterno y “ponerla en duda es invalidar la eficacia del dogma y hacer el juego al Diablo”. Otra es “la pena debe ser infinita porque la culpa lo es por atentar contra la majestad del Señor, que es Ser infinito”, la que para Borges “tendría el mismo sentido que calificar santa la falta porque Dios lo es”. Y para concluir manifiesta que “en nuestro destino, por donde, pasan infamias de toda índole, todo se hace posible, hasta pensar en la perpetuidad del Infierno,” aunque considera que es antirreligioso creer en él.
Surgen entonces utopías, no siempre felices,  influenciadas por el entorno, a través de siglos, como por ejemplo el sonado y siempre discutido apocalipsis, más creencias religiosas dictatoriales que convergen en la atribulada mente del ser humano, cuya máxima aspiración es la libertad personal: otra utopía.
 Bien. Nos hemos referido al pensamiento de Borges sobre el tiempo, la Trinidad y la eternidad, por lo que no podrá pasarse por alto su obra poética tan particular referente a lo tratado y a su propia vida personal.
Traslado dos o tres poesías de su último libro Los Conjurados (1985), escrito un año antes de su muerte:

Nubes


No habrá una sola cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.



                                
La suma
         


Ante la cal de una pared que nada
nos veda imaginar como infinita
un hombre se ha sentado y premedita
trazar con rigurosa pincelada
en la blanca pared el mundo entero:
puertas, balanzas, tártaros, jacintos,
ángeles, bibliotecas, laberintos,
anclas, Uxmal, el infinito, el cero.
Puebla de formas la pared. La suerte,
que de curiosos dones no es avara,
le permite dar fin a su porfía.
En el preciso instante de la muerte
descubre que esa vasta algarabía
de líneas es la imagen de su cara.



                         
Cristo en la cruz
      


Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
pìensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un  
                                              /hombre
que  muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
Y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?




   Discusiones y utopías que atravesaron toda la historia y continúan: muchas de ellas, no siempre advertidas, consolidan el poder deslizado en el tiempo sobre los hombres.


Algo más de Jorge Luis Borges
en El Hacedor

Argumentum ornithologicum


Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.



EL FUTURO EN LAS MANOS UTÓPICAS  
QUE SE CONTRADICEN
Por Carlos Enrique Berbeglia

Marzo de 2020
Usualmente se tiene una visión cotidiana positiva de las utopías, hasta el extremo de oír la expresión “no seas utópico” cuando alguien expresa alguna idea respecto a una mejora socio-económica que pareciera inalcanzable. Expresión que nos conduce a una primera distinción de índole epistemológica: entre las obras filosóficas o literarias pensadas como “utopías” y las restantes, bien se trate de textos igualmente filosóficos o literarios que impiden ser leídas como utopías, sino, por el contrario, como posibles sistemas gubernamentales atentatorios contra la dignidad humana.
Las utopías suponen una sociedad perfecta en todos los sentidos, entre las más conocidas, las propuestas en “La República” y “Las Leyes” platónicas, la “Utopía” de Tomás Moro, la “Cittá del sole” de Campanella,  la “Nueva Atlántida” de Francis Bacon, y otras. Pero conviene detenerse en algunas de las propuestas para descubrir que no todas, de realizarse, mejorarían realmente nuestra existencia en el mundo, al menos el contemporáneo. Unos pocos ejemplos. Platón, en “Las Leyes” propone la obligatoriedad de reunir en los templos a los niños entre los tres y los seis años vigilados por nodrizas, separados por sexos, y, a partir de los seis ejercitarse en el manejo de la jabalina, el arco y la equitación para defender la ciudad y la música para honrar a los dioses. Campanella, en la “Citta del sole” se queja de que los hombres pongan cuidado en la raza de sus perros, aunque, entre ellos, se mezclen sin tener en cuenta si favorece o no a la descendencia. Moro, a diferencia de Platón, aunque postula la comunidad de bienes desjerarquiza la estructura social de aquél, y, si bien postula la tolerancia, no admite en su sociedad perfecta a quienes nieguen la existencia de Dios.
Hay numerosos textos que, sin ser denominados “utópicos” caben ser leídos en esta sintonía, entre los más conocidos las propuestas políticas de autores como Voltaire y otros propios de la Modernidad que inspiraron la Revolución Francesa, o, en el caso americano la obra de Guamán Poma de Ayala (s. XVII) “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, que, entre otros consejos para hacer viable la vuelta del incanato al poder perdido en manos españolas propone: “el indio en indias, el blanco en España y el negro en Guinea” en una época de la colonia americana donde el mestizaje cobraba ímpetu demográfico, o, nuevamente en Europa, en Edwin Abbott que, en la novela Planilandia, escrita hacia 1880, propone una neta distinción geométrica entre hombres y mujeres, los primeros poligonales hasta los sabios, círculos perfectos, y las segundas, meros triángulos, sumamente peligrosos, además, porque al dar vueltas en su mundo unidimensional, ponen en riesgo la existencia masculina al pincharlos con sus vértices agudos. Y, por supuesto, en esta subcategoría ingresan los numerosos textos de cariz ideológico redactados por líderes políticos, quienquiera tenga presentes las propuestas de “Mein Kampf” podría asociar el ideal nazista del ario puro con la de Campanella.   
En cambio, las antiutopías, en ese sentido son bien claras  en la exposición de sus antipropuestas, vayan como ejemplos “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde impera una sociedad sexualmente satisfecha con un mínimo de conciencia individualizada, “1984” y “Rebelión en la granja”, ambas de George Orwell, donde los hombres son vigilados y regidos por superpoderes que los guían y, a sus oponentes  les lavan el cerebro hasta hacerlos dar vuelta por completo de sus antiguos ideales, o, “El hombre demolido” de Alfred Bester que nos presenta un mundo donde es posible la lectura del pensamiento privando así, a los rebeldes, de toda acción que haga peligrar el régimen imperante. La novela “Diario de la guerra del cerdo”, de Adolfo Bioy Casares, donde los ancianos son perseguidos y asesinados por los más jóvenes, acaso también podríamos invitarla a ingresar en esta segunda caracterización(1). 
Los “Milenarismos” son movimientos asociados con el Apocalipsis bíblico interpretado de diversas maneras, su origen próximo-remoto lo encontramos en el arribo del siglo X en la Alta Edad Media y los dichos del Apóstol San Juan respecto de un reino terrenal de Cristo que durará mil años, luego de los cuales llegará el Juicio Universal. Numerosos religiosos de esta época no compartían esta visión, por el contrario, pensaban que el cambio de milenio traería, al hasta entonces decaído Occidente, la apertura a una nueva fase luminosa y llena de esperanzas. 
Entre los mayores representantes de esta idea lo hallamos a Joaquín de Fiore (1131 – 1202), quien distingue tres épocas en la historia de la humanidad, la primera, reino del Padre, que dura algunas decenas de siglos y la caracteriza como la “era de la ley”, la segunda, del Hijo, “era de la Gracia”, y, la tercera, que durará mil años, será la era del espíritu Santo, la “era del Amor”.
A partir de semejante concepción filosófico-doctrinaria-cristiana se formulan distintas propuestas en relación a esta asociación, la mayor parte de las cuales matematizan el tiempo histórico de una manera sumamente banal, entre las más conocidas figuran las de lo testigos de Jehová donde el Milenio de Paz es inmediato y solamente podrán gozarlo algunos miles de elegidos y otras similares.
Capítulo aparte merece el milenarismo americano en tiempos de la colonia, donde lo más característico radica en el sincretismo de las ideas y prácticas religiosas traídas por los curas evangelizadores mixturadas con las costumbres ancestrales aborígenes y que abren a un mesianismo pronunciado, como por ejemplo las rebeliones incaicas del siglo XVIII y su ideal de resucitar el Imperio tal cual era antes del arribo hispánico (la obra de Guamán Poma anteriormente citada es un claro ejemplo de lo afirmado).
¿Por qué apego al pasado? ¿por qué convulsión o revolución? Zygmunt Bauman, en su última obra, “Retrotropía” habla del tiempo actual como requerido de tomar el pasado como ejemplo para rectificar los males que nos aquejan y hacerlo redivivo, al respecto “el hombre, en su actual fase consumista-narcisista está torturado no por su culpa sino por su ansiedad … exige satisfacciones inmediatas y vive en un estado de inquietud y permanentemente insatisfecho deseo”.
“El futuro es hoy” (frase acuñada por los sistemas publicitarios del último decenio), en ese sentido, ya no parece tan lejano aunque, sí, más amenazante que los futuros propios de otras épocas (cada tiempo histórico tiene su propio futuro, evidentemente el nuestro es muy distinto al soñado por los socialistas del siglo XIX), habida cuenta de la rapidez con que transcurre el tiempo y cómo lo experienciamos: el sujeto medieval cuando asistía a la colocación de los cimientos catedralicios sabía  que ni él ni sus hijos o nietos verían a la iglesia erguida, hoy, cuanta obra se inicia requiere una resolución si no inmediata al menos que no se extienda más allá de una generación(2).
“El futuro es hoy”, la fertilización in Vitro, la modificación de la secuencia del ADN en los seres humanos, la clonación animal, hechos en el nivel biológico; la miniaturización de los elementos electrónicos, la bancarización que vuelve obsoleto el anonimato del papel moneda e identifica a cada portador de tarjeta hasta en sus mínimos gastos, éstos en los niveles tecno-sociales y otros hechos similares demuestran claramente que la institución clave de la sociedad, hasta ahora, las unidades familiares (de cualquier índole, tradicional de ambos sexos, gays, y restantes) se hallan también rozadas por cambios estructurales,  donde litigan los poderes que lo acentúan, promueven o temen, o, también, basados en las convicciones o conveniencias que ventilan.
¿A partir de qué filología básica habrá de entenderse la ambigüedad de la frase “el futuro es hoy”, que vuelve por tercera vez a nuestro examen, ahora con el fin de corroborar el cumplimiento de las utopías? (3) Veamos:
El vínculo interhumano coloca a los seres “frente a frente”, al “lado” o al “costado”, esto ha sido siempre así, sin variedad en el tiempo histórico sucedido, y, menos aún, en este hoy apuntado (y, en parte, realizado), por las utopías.
Este vínculo abarca desde el yo-tu, (vos, en argentino básico) tal como lo expresa, idealmente, Martín Buber y cuantos apuntan a un nexo integral entre los hombres, donde, sobre la primacía de la proximidad,  no siempre asociada a la cercanía afectiva, esto es, al individuo como prójimo,  se divisa el horizonte cruzado por  los diversos matices del yo-otro, que, por momentos, parecieran aludir, indistintamente, los distintos tipos de relación ya aludidos que obligan a una aclaración necesaria para bien comprenderlos:  ubicarse “frente a frente”, donde priman desafío y desconfianza, de ninguna manera resulta siquiera similar a colocarse “al lado” para ayudar en algo a quien lo requiriera, en ambos casos se trata de “proximidades”, pero la intencionalidad de la acción difiere substancialmente, al igual que, si al sujeto lo tenemos “al costado”, habría que ver con qué disímiles voluntades de sujetarlo, menospreciarlo o incluso, nueva  (y más raramente) auxiliarlo.
Recordemos, prosiguiendo con el ejercicio filológico, la misma raíz de enajenación en “alter” y “alien”, y que, como resumen absoluto, el roce con el otro solamente provoca un resultado: el encuentro o su contrario, el desencuentro (reuniéndose, bajo la apertura de esta misma llave, la indiferencia, la opresión, el menosprecio, etc).
A este repaso filológico habremos de añadirle un fenómeno psicológico notable: el placer que sienten los seres humanos en mostrarse (“pavonearse”, como diría el protagonista de algún tango), algo derivado de la fuente de presunción en la que, al abrevar a diario, calma su simultánea sed de “orgullo” y “vanidad” cuando deposita estos florilegios en los demás (alter), y origina, de inmediato, dos reacciones adversas y, prácticamente, inmediatas, la “envidia” y el “resentimiento”, fuentes que, si bien no calman la sed de sus víctimas,  sí les proveen de suficiente sal a sus papilas emotivas  que anhelan saciarla de cualquier manera, procediendo a identificaciones con sujetos de  parecidos deslaves mentales, cuya  sumatoria y aunamiento suelen originar verdaderas convulsiones sociales.
“Identidades” para crear diferencias, los sujetos se reconocen entre sí para la formación de grupos (de edad, situación económica, país, lengua, religión, o lo que fuere) y tener bien catalogados a quienes se encuentran en las veredas del “costado”, al “lado” o de “enfrente” y mantener, con ellos, distintos tipos de confrontaciones, prensiles, a su vez, de diversas con-formas de violencia (física-directa, la más visible, y una multiplicidad de manifestaciones simbólicas-indirectas donde entran a tallar las ansias de “mostrarse” a las que ya hicimos breve referencia, con la finalidades espurias de despertar, en el alter, sentimientos de frustración o envidia, o, algo similarmente igual de negativo, alardear de una felicidad negada en ese alter o, incluso, llegar hasta a burlarse de sus sufrimientos o menospreciarlos.
Y un último ingrediente (al menos importante para las utopías) resaltable del psiquismo humano(4): su predisposición hacia la jerarquía  y los diversos resortes, individuales y sociales, concientes e inconcientes, para admitirla, o, más sinceramente dicho, para acatar las distintas prerrogativas emanadas de los poderes económicos, políticos, intelectuales, familiares, religiosos, etc, manifiestos a diario y que ordenan (y reordenan cuando algunas formas caducan, nunca restan vacantes sus sitiales), la existencia humana hasta en sus mínimos detalles.           
Concluyendo brevemente: el accionar de los diversos tipos de intencionales modificadores potenciales del futuro, como me place denominar estos juegos intelectuales a los que hemos pasado revista en la primera mitad del ensayo, resulta posible por obra y gracia de la suma de estas peculiaridades psicológicas encarnadas en  los seres humanos, no hablan muy bien de una gran mayoría de ellos que digamos, afortunadamente, una pléyade minoritaria de sujetos suele evadirse de esas redes y convertir la existencia del resto en esta confusión alocada de sucesos, expectativas y explicaciones, siempre incompletas, de los aconteceres históricos que nos envuelven como un torbellino.      
Y, efectuando una segunda conclusión fidedigna a esta propuesta intelectual: enaltecer la misión por excelencia de la razón, desengañar, quitando los disfraces que utilizan las elucubraciones utopistas, para, así, evitar las seducciones de su canto de sirenas,  ya que siempre terminan devorando a los incautos. 

DOBLE SECUELA
Escrita en abril del 2020, que unifica, el escrito inmediato sobre las utopías, con las reflexiones que despierta la invasora pandemia del coronavirus.

The day after es el título de una película norteamericana que, en la ficción, refleja las consecuencias de una guerra nuclear entre las grandes potencias de la época, (dos últimas décadas del siglo precedente), asumido hoy por numerosos periodistas y escritores que aventuran distintas hipótesis sobre cuanto sucederá (sucedería) una vez la plaga que nos acomete se retire a cuarteles de invierno (y, en ellos, prepare sus huestes para una nueva acometida). Sumamos nuestra voz a dichas apreciaciones.
Las enumeramos:
.1. Económicas: Ya se han arrojado sobre el tapete la mayor parte de las cifras por los múltiples “entendidos” en la materia, la obligada cuarentena ha determinado que muchos empleados y obreros, sobre todo los informales, pierdan sus trabajos o amengüen considerablemente sus ganancias. De forma paralela, dará (ya está dando) lugar a resultados opuestos, esto es, a las ganancias que obtendrán las compañías, los Estados, las empresas, gracias a la producción de insumos para combatir la plaga, directa, o, indirectamente, para satisfacer un mercado deseoso de regresar al consumismo de productos transitoriamente frenados por la crisis. En sociedades corruptas acentuará (también ya lo está haciendo) las prácticas de las que se valen, quienes las componen, para acometer a los simples ciudadanos con los hechos delictivos, disimulados gracias a la vista gorda formalizada por los funcionarios “edulcorados” por los miembros de las cancerígenas mafias que las componen.
2. Bío-fisiológicas: No quepa duda alguna que será derrotada, anotando un nuevo blasón para las ciencias, el logro excelentemente alcanzado por la razón desde la modernidad, sumándose, su descubrimiento, a las vacunaciones anteriores que erradicaran la viruela y la poliomielitis, entre diversas pestes, al de los antibióticos y los analgésicos, a  los tratamientos con rayos y las operaciones cada vez menos invasivas de los organismos que elongaran la existencia humana hasta los promedios actuales de las  casi nueve décadas que rozan los habitantes de los países más desarrollados del planeta.
3. Histórico-sociales. Tampoco quepa duda que marcará un hito de suma importancia en la historia de la humanidad, un hito que, empero, no implica necesariamente un cambio de rumbo en el inalterable camino de sí misma(5); prever, como, en efecto lo hacen numerosos autores, un nuevo paradigma posterior a, o a consecuencia de, la plaga, menciona, indirectamente, los contenidos ideológicos que posibilitan estas conclusiones, tal vez lleguemos a avistar algunos giros en su marcha, pero nunca tan extremos como los soñados cambios radicales en las conductas humanas, los sistemas económicos o políticos. Sin duda, sí aumentará la vigilancia sobre los ciudadanos, acción que desvela a la mayor parte de las sociedades desde siempre, posibilitada por el  exponencial desarrollo de la tecnología cibernética, algo que ya se está adelantando en los regímenes dictatoriales.
4. Religioso. Tal vez la irrupción del nuevo virus simplemente acelere la paulatina desconfianza de la gente hacia los sistemas eclesiásticos formales que se viene notando hace años, en tanto, los  creyentes se afirmarán en sus sistemas guiados por los ortodoxos y fundamentalistas, algunos de ellos, verán en el fenómeno signos de advertencia celestiales a tomar en cuenta como previos a tiempos apocalípticos más definitivos (en los monoteísmos judeo-cristiano-musulmanes, no así entre los budistas o hindúes, cuya lectura de la historia difiere en grado sumo con la occidental). Los ateos, mientras tanto, seguirán inalterables en su postura crítica o hasta encontrarán un nuevo argumento para sostenerla.
.5. Humana. La naturaleza humana no cambiará un ápice, los instintos y las emociones a ellos asociados (sobre todo la ira que se despierta repentina y el miedo ante lo desconocido), permanecerán inalterables, como lo fueran desde sus mismísimos comienzos en la escala evolutiva, la vida sentimental y afectiva tampoco se verá afectada, el amor y el odio seguirán alegrando y atormentando a las almas (a simple título de ejemplo, la correspondencia entre los poemas homéricos y la literatura actual bien lo expone, mutan los estilos, las poéticas y las lenguas que expresan los distanciamientos y las cercanías corporales y anímicas, pero la fuente inspirativa  prosigue inalterable), envidias y codicias seguirán sobreponiéndose a cuantos ingenuismos avizoren épocas distintas desaparecido el accionar del virus, por suerte, las fuerzas contrarias del afecto y la camaradería también continuarán su lucha contra estos tumores del alma, ¡de ninguna manera transitorias como la plaga que nos acomete! 
Conclusiones: El resarcimiento, salvo para las víctimas mortales, no demorará en mostrarse, la racionalidad instintiva  dará, una vez más, muestras de su fortaleza, si, tal la sospecha que anda circulando, se lo descubre como un virus de laboratorio, el castigo para sus productores, a nivel estatal o privado, será irrelevante en comparación con el daño que causaran, la predominancia del mal así lo exige. Y la que, nuevamente volverá a sufrir la arrogancia inescrupulosa de los hombres habrá de ser la Madre Tierra que, estos meses, lentamente, recuperó sus fueros: los animales volverán a ser cazados, los bosques talados, los ríos polucionados…
… y “la Biblia junto al calefón” del inmortal Discépolo continuará demostrando la capacidad humana para persistir entre las contrariedades sobrevenidas  de afuera y las contradicciones propias de su especie…

(1)   Nada debiera extrañarnos que, en España, ante el brutal embate del coronavirus , los respiraderos, les sean quitados a los ancianos para cedérselos a los jóvenes, o, en Holanda, el Estado reparta cápsulas de veneno entre los mismos mayores por si tuvieran  deseos de quitarse la vida … 
(2)   El mismo sujeto medieval (que, cuando sobrevino una  pandemia inspiró a un grupo de nobles para hallar  refugio en un castillo aislado, dando, así origen a las historias del Decamerón, de Bocaccio, que se relataban, para entretenerse), la aceptara con resignación, enfrentado, ahora, con el sujeto del siglo XXI, año 2020, que, ante una afección similar, apura el tiempo de las ciencias para crear un remedio genérico capaz de eliminar la plaga del coronavirus en un tiempo acortado y, ahora sí, manipulado por los hombres (el tiempo que transcurre cotidianamente, no el que nos trasciende)
(3)   Otro lugar común, aunque de más antigua data, digno de tener en cuenta, es el siguiente: “la paz se impone por la fuerza”, sería interesante rastrear esta exigencia en el conjunto utópico, discutiendo, a la vez, sus relevancias racionales o ajenas a cualquier atisbo suyo
(4)   Otro lugar común, aunque de más antigua data, digno de tener en cuenta, es el siguiente: “la paz se impone por la fuerza”, sería interesante rastrear esta exigencia en el conjunto utópico, discutiendo, a la vez, sus relevancias racionales o ajenas a cualquier atisbo suyo pueblan el pensamiento de los creyentes, animándolos para la aceptación de los órdenes que soporta en su propio y diversificado mundo.
(5)   Al menos en dos obras de mi autoría (Razón, persistencia, racionalidad, Biblos, Buenos Aires, 2005, y Decisiones y riesgos, Prometeo, Buenos Aires, 2016) expongo mis ideas sobre la Racionalidad Instintiva, acción aparentemente contradictoria que, sin embargo, motoriza la historia impidiéndole caer en exageraciones desmedidas que la perjudiquen hasta el extremo de desarticularla: en las guerras (en la Pra  Mundial lo hizo anulando los ataques con gases, la Sda culminó con los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki, artefactos tan destructivos que no tornaron a utilizarse),  deteniendo a tiempo las exacciones a la naturaleza antes de agotarla por completo, aflojando el dominio sobre los sectores humanos más débiles anulando la esclavitud (aunque no la servidumbre, que la reemplaza solapadamente), mancomunándose en el combate contra las plagas como lo estamos apreciando en estos días aciagos … la practicidad la hace emerger siempre incólume de cualquier trastorno.





MEMORIA

ROGER MARTIN DU GARD 
UN  NOVELISTA CASI OLVIDADO
Por Ramiro Ezeiza

Desde que algunos sociólogos tudescos investigaron lo que llamaron “la industria cultural” los pacientes lectores tuvieron que afrontar incesantes desafíos para hallar en las librerías, desde entonces abarrotadas de libros intranscendentes, una literatura donde el autor tenga en realidad algo que decir y no se dedique a ofrecer entretenimientos o formas de perder el tiempo.
Así, el lector común, que quiera hallar en la literatura una respuesta para las preguntas de la vida sin entrar en disímiles filosofías o intente comprender la realidad a través de los ojos ajenos, deberá buscar autores tanto del presente como del pasado que digan algo y no engrosen los estantes de los demasiados libros.
Estaba reflexionando en este orden de cosas cuando hallé (no diré dónde) la obra de un autor francés, hoy casi desconocido, aunque haya recibido el Premio Nobel en 1937. Me refiero a Roger Martin du Gard.
Este autor brilló en el período de entreguerras, cuando escribir bien y tener sutileza psicológica para presentar a los personajes de una novela o de un relato eran importantes.
Después de 1945, el americanismo que se impuso en el mundo y sus autores de lengua inglesa, reemplazaron todo ello con formas primitivas basadas en el sexismo y la violencia. Se iniciaba una nueva época, que hoy termina produciendo trilladas novelas policiales.
Volviendo a nuestro autor, diré que escribió, aparte de “Jean Barois” y “Los Thibault” una obra brevísima llena de finura a pesar del tema, extraña a la literatura inglesa, llamada “Confidence africaine”.
Esta “confesiòn” es un relato donde nos habla de la relación pasional entre dos hermanos, en este caso –como lo indica la naturaleza-  un hombre y una mujer. Es una relación que dura los años de juventud de los dos protagonistas. Todo se desarrolla en el clima de una confesiòn, como lo indica el título del relato, donde se da a conocer “un trozo de vida” presentado sin juzgar.
Esta es una obra que debería buscarse y releerse por el valor literario que tiene.
Con Roger Martin du Gard recuperamos una literatura que habla de la naturaleza humana con sus luces y sombras, sin recurrir nunca al escándalo.

UN POETA FRANCÉS DESCONOCIDO
Por Ramiro Ezeiza

Thierry de Jarbois fue un poeta que murió joven. Había nacido en Dijon en 1940 en plena guerra mundial y murió en la misma ciudad en 1967. En su vida escribió tres libros en edición de autor, “Exercices poétiques” (1960), “Le Chant du monde” (1965), que es toda su obra poética, y un breve libro de pensamientos y reflexiones, aparecido meses antes de su muerte, que tituló agustinianamente “Ordo amoris”.
Ser joven, ser poeta, vivir en provincia y editar sus propios escritos, sin duda alguna, no contribuyó a la fama o a un mayor conocimiento de su obra.
El traductor al español declara que fue en una librería de lance, en la propia ciudad de Dijon, donde descubrió los libros de este poeta casi secreto. Fue obra del azar, que nada tiene de azaroso. El dueño de la librería lo inclinó a observar estos breves libros atados con cintas de olvido. Asimismo, el viejo librero no sólo recordaba al poeta, sino la dirección donde vivìa con su hermana. Ocasión que el traductor aprovechó para visitar a Helène de Jarbois. Encontró a una dulce anciana muy memoriosa, que le brindó con amabilidad mucha información sobre el poeta. Recordó que su hermano había estudiado comercio a instancia de sus padres, pero que su verdadera vocación era la literatura. Leía, dijo Hèlene toda la poesía del mundo que podía conseguir y que había quedado impresionado por la poesía clásica japonesa, sobre todo los  haikus. Thierry sabía, dice Hèlene. que ningún occidental puede escribir haikus verdaderos, porque pertenecen a una civilización distinta y nacen de un condicionamiento mental propio de esa civilización. Sin embargo, intentó escribir poemas brevísimos con un gran poder de sugerencia. Por otra parte, leía con frecuencia a los grandes líricos como Keats o  Hoerderlin, pero su poesía no iba en esa dirección, subraya Hèlene, pues querìa encontrar cuàl era su voz propia. Digno de destacar  es que nuestro poeta había aprendido español y conservaba un viejo libro de Ricardo E. Molinari “Mundos de la Madrugada”.
Thierry de Jarbois ensaya en su primer libro el poema mínimo y sugerente. Luego, se volcó a una poesía reflexiva, donde las influencias son màs veladas.
Como ya mencionamos, también publicò un libro de pensamientos y reflexiones que, según se hermana, anotaba en un cuadernillo que siempre llevaba consigo..
Como mejor que explicar es mostrar, aquí presentamos algunos poemas de este autor.
De “Ejercicios poéticos”
                                                     Pez volador
                                                     Soledad del mar        
                                                     En el aire.
                                                     .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
                                                     Mariposa altiva
                                                     Pasas como un lujo
                                                     Que nos esquiva

De “El canto del mundo”
El tiempo escondió todas las cosas amadas.
La memoria olvidó todos los nombres,
que creaban belleza en los días.
Un aislamiento profundo fue enmudecido en silencio.
Los amigos murieron,
los libros se perdieron,
los escritos se borraron.
Ahora, la lluvia, en la oscuridad de la noche,
lava toda huella.
Lo que fue termina no siendo.
Entonces, ¿por què esto se repite,
insistente,
en otros corazones?


DE LAS VARIAS DOCTRINAS

Tantas doctrinas filosóficas y teológicas,
tanta erudición y exègesis,
mas comentarios de comentarios,
que la cabeza cansada
y, finalmente, confusa,
vuelve –como en la infancia-
sólo a contar los pètalos dev las flores.

ALDOUS L. HUXLEY
Paradoja y evanescencia de una utopía
Por Graciela E. Krapacher

 “Desde la Sala de Predestinación Social las cintas sin fin bajaban al sótano, y allá, en la penumbra escarlata, calientes, cociéndose sobre su almohada de peritoneo y ahítos de sucedáneo de la sangre y de hormonas, los fetos crecían o, envenenados, languidecían hasta convertirse en futuros Epsilones. Con un débil zumbido los estantes móviles reptaban imperceptiblemente, semana tras semana, hacia la Sala de Decantación, donde los niños recién desenfrascados exhalaban su primer
gemido de horror y sorpresa.”(1)
   
El concepto de distopía conlleva una utopía proterva, en la cual la realidad discurre en las antípodas de aquello que puede ser concebido, ciertamente, como una sociedad ideal. Un mundo feliz del escritor inglés Aldous Leonard Huxley (1894-1963), publicada en 1932, es una novela de anticipación, de ciencia ficción, es una utopía científico-tecnológica, una gran ironía relacionada con el clima de la época, producto de los avances de la ciencia y la técnica tendientes al confort y al bienestar febril de los seres humanos. La historia del texto acaece en un futuro muy lejano “hacia el año 600 tras la era fordiana”, en una alusión a Henry Ford (1863-1947), el inventor, en la fabricación automotriz de un método de organización del trabajo de producción en serie, cuya aceleración se compara con la reproducción “in vitro” de la humanidad en “Centros de incubación de Embriones y Condicionantes”. Ford simboliza el progreso industrial y el desarrollo mecanicista, encarna una especie de nuevo dios, por ello se lo invoca en la novela y se lo confunde, a veces, con Sigmund Freud, otra deidad, pero de la conciencia y, fundamentalmente, del inconsciente que va a reemplazar el alma.
La idea de felicidad obligatoria y de perfección como un estado permanente en los miembros de la sociedad alimenta la esencialidad utópica. Su base radica en la estabilidad social, el condicionamiento de Pavlov, los mandatos y las frases significativas a través del sueño hipnopédico (alusión a la hipnosis freudiana) que supone la repetición opuesta al cambio, a través de discursos que se reiteran de manera constante en la memoria de los niños, el control de las emociones (melancolía, ira, dolor) bajo el poder del soma y el desconocimiento de la vejez. La paradoja de la felicidad consiste en “lograr que la gente ame su servidumbre. Las utopías son realizables” pero su implementación requiere la coacción, la manipulación y el autoritarismo que puede adoptar diversas formas, las peores son las silenciosas y enmascaradas, las más profundas son las graduales que desde el inicio, “con una técnica avanzada de la sugestión”, se van aposentando en el inconsciente, a partir de donde ejercen su dominio. La engañosa igualdad arrebata la individualidad y destruye la diversidad, no la incluye. Por lo tanto, la utopía contiene inevitablemente la distopía. La frase “Bebo por mi aniquilación” constituye una acabada ironía porque, por un lado, los personajes saben que serán aniquilados pero, por otro lado, se habla de benevolencia universal, de solidaridad, mientras que sólo se trata de una perversa falsedad velada por la píldora, el elixir, el soma, que los convierte en autómatas, les enajena el pensamiento y la observancia de lo real, los confina a una eternidad onírica y al fatuo simulacro de un viaje. Todo es sucedáneo de todo. La presencia de cánticos evoca un ilusorio advenimiento, la música sintética y el baile, a manera de ritual, guía a los ciudadanos del mundo nuevo mediante una voz que los fanatiza en una actitud mimética feliz. El soma reemplaza la necesidad de Dios, patrimonio del mundo viejo, cuyo sentimiento nos compensa de todas las demás pérdidas. Si bien Un mundo feliz es una distopía, también conforma una novela de anticipación que podría representar, según el punto de vista adoptado, algunas aristas positivas en cuanto a los fines alcanzados, que afirmarían, en parte, la realización utópica. La novela predice el fenómeno de la clonación expresado en la producción infinita de mellizos, aunque con el mismo rostro, en la negación de la propia identidad; la concepción “in vitro”; la aparición de la píldora anticonceptiva y, en lo tecnológico, la existencia de la televisión; además, insinúa la tercera dimensión cinematográfica a través del “Sensorama”, cuya  pantalla emite sensaciones que son percibidas por los espectadores como si éstos ingresaran a ese espacio virtual convertido en “realidad”. En el mundo nuevo todo está programado, inducido, reprimido, nada es azaroso; allí se gesta la civilización presente bajo el signo de la esterilización, mientras que el pasado humano es suciedad y atraso, quienes lo detentan son desterrados a una “reserva” (Malpaís) por su rebeldía e incomprensión o incitados al suicidio. Se destaca un obsesivo realce de la utilidad como meta social, por ejemplo, los muertos, además de sufrir la indiferencia, son sometidos a la cremación para la obtención de fósforo, reutilizado en los experimentos. “Un hombre civilizado no tiene ninguna necesidad de soportar nada que sea desagradable. En cuanto a realizar cosas, Ford no quiere que tal idea penetre en la mente del hombre civilizado. Si los hombres empezaran a obrar por su cuenta, todo el orden social se vería trastornado.” (2)
La novela contiene una crítica a la nueva sociedad norteamericana de los años ´20, contra la instauración del cientificismo, el maquinismo en auge y  la importancia centrada en la próspera comodidad traducida en felicidad. El texto constituye una advertencia ante la posibilidad abierta de ciertos peligros incompatibles con la ética y en pos de una vida feliz, aunque en detrimento de la individualidad y de la libertad, es decir, de la verdadera índole humana, del arte y de la belleza, denostados, abolidos y sustituidos por el sensorama. Pero, “…la gente es feliz; tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme a la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma.” (3)
Entre las fervientes críticas que generó el fordismo a partir de su producción en cadena, devenida en la degradación de la condición humana, podemos citar dos films: Tiempos Modernos (1936) de Charles Chaplin y Metrópolis del vienés Fritz Lang (1926). En el primero, la gran ironía del inicio alude a Historias de la Industria, en busca de la felicidad. El fin de la disciplina es obtener cuerpos dóciles y sin pensamiento, en una relación de obediencia y utilidad; la sumisión debe ser rápida y ciega como la manifestada por todos los obreros que acatan y no se rebelan. En el segundo, en la ciudad del orden, la raza de los señores vive una existencia de sueño en los jardines encantados de Yoshiwara, mientras que las criaturas restantes habitan en la ciudad subterránea, son verdaderos autómatas humanos, esclavos de las máquinas que dan vida a la ciudad. Aparece el agotador trabajo de las fábricas, el reloj que marca las diez horas de trabajo, el ómnibus aéreo con autopistas a diferentes niveles y el laboratorio del sabio loco que construye un robot (María) que incitará a los obreros a rebelarse.  La temática de la deshumanización, como contracara de las utopías, encuentra un correlato análogo en dichas expresiones artísticas mediadas por la literatura y el cine.

(1), (2) y (3) citas correspondientes a Un mundo feliz de Aldous L. Huxley (págs. 153-235-220, respectivamente).




WILLIAM BLAKE
Por Sebastián Calahuayo

Nació en Londres, 28 de noviembre de 1757. Murió en la misma ciudad el 12 de agosto de 1827. Tal vez, hoy William Blake sea uno de los autores más citados por el cine y la televisión de habla inglesa.
Dice Ismael Belda acerca de Blake: Toda la obra de Blake es un gran intento de elevar la conciencia humana mediante el arte hasta una realidad perfectamente definida y vívida. El ascenso tiene lugar desde la naturaleza borrosa, caótica e inconsciente, hacia una realidad maravillosamente vívida y detallada, organizada y consciente, es decir, hacia la Nueva Jerusalén, que es la representación simbólica de la libertad y el éxtasis de la conciencia. (1)

TIGRE TIGRE

Tigre Tigre, ardiente y brillante,
en las selvas de la noche;
¿Qué ojo o mano inmortal
pudo forjar tu simetría temible?

¿En qué cielos o abismos distantes
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con cuáles alas se atrevió a elevarse?
¿Qué mano se atrevió a arrebatar el fuego?

¿Y cuál espalda, y cuál arte
pudieron torcer los tendones de tu pecho?
Y cuando tu pecho comenzó a latir,
¿Cuál terrible mano? ¿Cuáles terribles pies?

¿Con cuál martillo? ¿Con cuál cadena?
¿En qué fragua estuvo tu cerebro?
¿Con cuál yunque? ¿Cuál terrible tenaza
se atrevió a aferrar sus terrores mortales?

Cuando los astros arrojaron sus lanzas
y mojaron el cielo con sus lágrimas:
¿Sonrió él al ver su obra?
Aquel quien hizo al Cordero, ¿también te hizo a vos?

Tigre Tigre, ardiente y brillante,
en las selvas de la noche;
¿Qué ojo o mano inmortal
se atrevió a forjar tu simetría temible?
(1)  Ismaeil Belda, El viajero mental (I): algunos conceptos sobre William Blake



MEMORIA
Dos poetas

PAULINA VINDERMAN
Por Ramiro Ezeiza
En una tarde cualquiera, mientras vamos caminando, pensamos en algunos poetas, pues hace tiempo que habíamos leído algún poema que nos tocó y que ahora volvemos a recordar.
 Bien sabido es que cualquier creador, por el hecho de serlo, trabaja contra el olvido, por esto es que llevar a la memoria unos versos es decirle (en silencio) al poeta: “yo también estoy contigo”.
Es en esta comunión sencilla, silenciosa y elocuente que nos acercamos al poeta, en este caso es una mujer y se llama Paulina Vinderman



La muerte de la imaginación
El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
(nadie se ve).
Y si no fue más que un amor negro,
                                               /susurrante
que nada da,el viaje más lejano fue el de mi                      
                                                         /cabeza
hacia su hombro
(el más inútil).

La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
(o dice que es real)
¿Alguien pudo toca a la desesperación?

Terciopelo, papel de diario, una lata
                                                /oxidada,
no hay vacuna conta las superficies.

El mundo es un hueco tapado con barniz
(y no respira).

Haikus

La tarde viaja
en el ala del pato.
Suelta a la lluvia.
  *****
La magnolia
sorprende a mi corazón.
Saco de lluvia.



Paulina Vindeman ha publicado variados libros de poesía, entre los que cabe mencionar Los espejos y los puentes, Rojo junio, Escalera de incendio,  Bulgaria, etc.
Obtuvo varios premios: Faja de Honor de la SADE, Tercer premio municipal Ciudad de Buenos Aires y el Premio  Nacional Regional de Cultura de la Nación.
Ha sido traducida al inglés, al italiano y al alemán.


UN POETA EJEMPLAR
JOSÉ EMILIO TALLARICO (1950 – 2019)
Nota y selección de Julio Bepré
   
De la última lírica de nuestro país,  debe destacarse a José Emilio Tallarico. Médico laboral; pero esencialmente poeta, hombre mesurado y cordial. Se apoyaba en una acendrada formación humanista. Fue un autor  dispuesto a la meditación  continua sobre la realidad y sentido de la existencia.
Fue siempre un convencido de la trascendencia enaltecedora de la poesía y, por tanto, valorable crítico, cuyos juicios brindaba en acostumbrados diálogos
Y es por ello —como lo aconsejó  H. Auden— Tallarico se  distinguía por su amor al lenguaje. Por su intento de avistar aquello que ni las mismas palabras logran al decir desde el gran Eugenio Montale.
 Desapareció físicamente unos meses atrás. Quien escribe esta limitada  nota mantuvo una honda y enriquecedora amistad con él.   


POEMAS SELECCIONADOS


MUERTE DE ADÁN

Ha comenzado la derrota de los nombres.
Sólo hablo de mí, de mi distancia.
Los animales pasan, me lamen; pero yo no recuerdo
qué sonidos interpuse una vez entre sus cuerpos y el mío.
Pasan y me abandonan, conocen la proximidad del invierno.
El más hermoso de ellos permanece.
Con dedicación moja mi frente, sostiene mi cabeza,
despacio me besa los labios.
La escucho sollozar,
presiento que ella cerrará mis ojos,
de ella será mi última palabra olvidada.

De: Ese espacio que tiembla (1988-1993) 


LECTURA DEL MILAGRO

Por el prodigio de tocar la imagen   
la bienvenida singular discurre
salmodiando alegría
que no cesará.

El primogénito cabalga campo abierto,
Luna sincera, sentimiento nimio.
Descalzo porvenir de voces:
Ya sabe que no cesará.


SOÑABA SER

Velo del ser
Vida y cántico
Aluden
A la intimidad de húmedas cosas.
Vuelo
Que la semilla
Prodigó
De estar ahí
Como cercada
Por los ojos
Fértiles   

Y como llegan
No digan
Óiganla
Con cierto temor

Tal cual sucede
Con las criaturas
Anidadas
Durante la lluvia


(Ese espacio que tiembla, 1993)




DISTANCIA

Hay rosas, hay crespones de nadie.
En los rediles,
Otra ilusión del fárrago divino.

Hasta por hablar hablaba niebla,
Hechiza al corazón.


INSCRIPCIÓN EN UN BANCO

Como antes de la fiesta
Como antes de las oscilaciones y la bruma.

Mi deuda es la respiración
Mi derecho el llanto


VERANO

Verano: tuya la exageración.
Tuya la noche oleosa que maltrata.
Has desovado tontera en los cuerpos.
Y el astro es una araña gris flotante.
De mirada esquiva. En la calle hay un hongo de luz.
Donde se apiñan los insectos.
Sólo ellos te niegan pesadez.
Guiños patéticos.
Miríadas que ascienden locamente
A morir en su dios.

(El arreo y la fuga. 2000)


POÉTICO

Este es un plano donde no hay consuelo.
Si lo llamara místico.

Si lo llamáramos místico,
caería en el error de la lumbre que arde en la ceguera.
Porque mi Dios
no es combustible del desgarramiento.

En cambio, lo palpo en el cerebro,
en esa zona de tensión donde cruje una historia.
Adherida a mi nombre, alguna fe a punto de reprobarse,
Un laberinto marginal.

Yo lo celebro con la voz profana con que tuerce
El peso de las sombras.


TROPO TOTAL

Sutil economía de misterio
Un redondel solar que baña el cantero florecido,.
La amistad con el verde
No es un templo prefigurado en mis palabras,
Pero será su abierta inmediatez.
Porque la misma brisa que mueve a cara o cruz las hojas
Traduce mansamente al oído,” Te oído  
“Te escucho. Yo proveo tu ensueño.”

(A Pablo Gisone I.)

NEUROSIS DE LA IMAGEN

Sobre este muelle
Hizo impacto el rocío.
Hay algo en las secuelas
Que exagera la luz, acopia cielo.
Zanahorias de un viejo.
Desarreglos del aire.
Ojo último: un cadáver te incluye.






EN EL TIEMPO

Por Adalberto Polti


NOVALIS. *2 de mayo de 1772. Nace en Wiederstedt, Electorado de Sajonia, actual Alemania, en el seno de una familia noble el poeta Georg Philipp Friedrich von Hardenberg, conocido por nosotros por el seudónimo Novalis. Junto a Federico y Augusto Schlegel, Ludwig Tieck y otros fue uno de los representantes del romanticismo alemán. Cursó estudios de historia en la cátedra de Friedrich Schiller y conoció a Fichte, cuya filosofía gravitó en toda su obra. En 1791 se traslada a Leipzig donde se relacionó con los hermanos August y Friedrich von Schlegel. En 1797 muere afectada de una tuberculosis su prometida Sophía von Kühn, lo que le produjo una profunda crisis espiritual. En 1798 se trasladó a Freiberg donde estudió geología y en 1799 ocupó el cargo de administrador de minas en Weisenfels, donde falleció de tuberculosis el 25 de marzo de 1801 a los 28 años de edad. Entre sus obras más destacadas cabe citar La cristiandad o Europa; Himnos a la noche, seis himnos redactados en parte en prosa y en parte en verso en los que Novalis narra un proceso interior desde una inicial veneración de la luz hacia la comprensión de la superioridad de la noche; Cantos espirituales, poesías devocionales destinadas a la adoración de la divinidad; y la novela Enrique de Ofterdingen, inspirado en un cuadro de Friedrich Schwedestein donde mencionó por primera vez el sueño de la Flor azul, símbolo central del romanticismo que representa el anhelo, el amor y el afán metafísico por lo infinito.
En su homenaje citaremos un fragmento del primero de los Himnos a la noche: ¿Hay algún ser viviente, dotado de sentidos, que ante las manifestaciones maravillosas del espacio anchamente desplegado en torno suyo, no ame a la todo-regocijante luz, con sus colores, sus rayos y sus ondas, y a su tierna omnipresencia: el día dispensador del despertar?

ROSARIO CASTELLANOS FIGUEROA *25 de mayo de 1925. Nace en la Ciudad de México la poeta Rosario Castellanos Figueroa. En 1953 se graduó como maestra de filosofía por la universidad Autónoma de México. También estudió estética en la Universidad de Madrid. Ejerció la docencia en la Facultad de  Filosofía y Letras de la misma Universidad Autónoma de México y en las Universidades de Wisconsin, Estatal de Colorado y de Indiana. Su literatura aborda principalmente temas políticos  y según sus dichos la poesía debería ser “un intento de llegar a la razón de los objetos”. Publicó los libros de poesía Trayectoria del polvo (1948), De la vigilia estéril (1950), El rescate del mundo (1952), Al pie de la letra (1959), Lívida luz (1960) y Poesía n o eres tu (Obra poética 1948-1971) editada en 1972. También publicó las novelas Balún Canán (1957), Oficio de tinieblas (1962) y Rito de iniciación (1996). En teatro es autora de Tablero de damas (pieza en un acto, 1952) y El eterno femenino (1975). Además escribió el ensayo La novela mexicana contemporánea y su valor testimonial. Rosario Castellanos falleció en Tel Aviv, Israel, el 7 de agosto de 1974. La recordaremos con un fragmento del poema Destino:

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

WALT WHITMAN. *31 de mayo de 1819. Nace en West Hills, Long Island, Estado de Nueva York, el poeta Walt Whitman, considerado el padre de la moderna poesía estadounidense. Fue carpintero, periodista, empleado en un estudio de abogados, y enfermero voluntario durante la guerra civil, época en la que escribió el poema ¡Suenen, suenen, tambores! Su obra ha marcado importante influencia en poetas como Rubén Darío, León Felipe, T.S.Eliot, Fernando Pessoa, Pablo de Rokha, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal y Allen Ginsberg. Su obra maestra, Hojas de hierba, fue publicada el 1855 y tuvo nueve ediciones, a las que iba agregando poemas. La última se publicó en 1891. También publicó Franklin Evans (1842), La vida y aventuras de Jack Engle (1852) y Perspectivas democráticas (1871) entre otras. Fue considerado el primer poeta de la democracia estadounidense. Dijo de él la británica Mary Smith Whitall Costelloe: No se puede entender realmente a los Estados Unidos sin Walt Whitman, sin Hojas de hierba.  Y Harold Bloom expresó: Si eres estadounidense, entonces Walt Whitman es tu padre y tu madre imaginarios.  Walt Whitman falleció a los 72 años el 26 de enero de 1892 en Camden, Nueva Jersey, Estados Unidos. Lo recordaremos con un fragmento del poema Yo canto el cuerpo eléctrico:

Yo canto el cuerpo eléctrico,
me cercan los ejércitos de quienes amo y yo los cerco,
no han de soltarme hasta que yo vaya con ellos, hasta que los obedezca,
y los purifique y los colme con la carga del alma.

¿No es sabido que quienes corrompen su propio cuerpo están ocultándose?
¿Y quienes corrompen a los vivos son tan viles como quienes profanan a los muertos?
¿Y si el cuer0po no importara menos que el alma?
¿Y si el cuerpo no fuera el alma, qué es el alma?




ARTE PLENA

                Navegación de Altura
Graciela Maturo Madrid-Buenos Aires, 1997
Ilustraciones Facundo Demarchi

El planeta animal se mueve silencioso
en los vastos espacios,
gira en torno a una hoguera llamada sol.
En cada vuelta trae la misteriosa luz
saludada por los pájaros.
En el ocaso callan y el corazón se estremece
con la muerte.

Sístole y diástole de la luz
ritmo del caminar del hombre
perdido entre los frutos y la gravedad de la sombra.
Ya es el alba. Una gritería de cantos
ayuda al sol a crecer.
Es la aurora de la fuerza
que invita a mi voz a desnudarse.
Rumbo de la luz
en la oscuridad del universo.

Es ancho el aire y límpida la pluma
del mirlo que se oculta
entre las ramas altas.
Mira el pájaro con su ojo redondo y absorto
registrando la fiesta de la ciudad
las calles
donde se mueven hombrecillos extraños.
Baja el pájaro con su pecho llameante.
Su mirada purifica la tarde.
Permite que el tallo verde sea verde
y que mis ojos sientan el peso de tanta claridad.
Mi frente se anega hoy
en el océano de la belleza.

Una nube opaca envuelve las ciudades
ahoga, las voces de la angustia.
Un tren interminable atraviesa campos silenciosos.
Otro tiempo se abre como un insólito amanecer
otro tiempo fulgura.
La luz de cada día desgasta las rosas de la carne
mientras llegamos, desnudos,
al centro incandescente de una rosa.

Memorias de siglos han caducado ahora.
Mi frente se ha vaciado de antiguas inscripciones.
Sólo siento que estoy aquí, aguardándome,
habitando este cuerpo trágicamente mío.
Huésped de mi garganta y de mi lengua.
desde algún sitio miro su territorio frágil.

Hacía inventarios de mis noches en vela
de muertes cotidianas
de amor de cansancio de resurrecciones
de libros que amé
de rostros en que veía el tuyo,
de palabras tatuadas en mi pecho.
Volví después a mi templo desconocido
el que destruyo y levanto cada día.

El mundo llora en mí
su gran cansancio
siglos de orfandad
días en espera de una palabra
diccionarios borrosos
horas yertas
signo que se esconde en el temblor del agua.
Hombres tristes deshacen
herramientas de plomo
vistiendo de papel su lisura de amebas.
Cordero desangrado
llanto que viene desde el fondo del tiempo.

El silencio de los cielos
cae pesadamente en esta tarde
como un rezo amordazado.
Dónde está el ojo que nos ve
la lengua que nos habla
la mano infinita que nos sostiene.

Código de la lluvia,
lenguajes olvidados, libro mudo,
palabras vueltas hacia sí.
Espera
nervadura de amor
hendija iluminada.

Todo empieza a morir desde que nace
una flor se despliega desde su corazón de sombra
como mi propio corazón
volcado a la consumación del vivir
y el morir.

Como un río que vuelve sobre sí mismo
descubro el no tiempo
Como la dulce gaviota vuelta al aire, al origen.

Una brisa en el alba;
ala celeste del misterio.
El aire transitaba los cuartos con olor a madera
llamaba a los que habitan más allá de sus huesos.
El rocío mojaba mis cabellos.

El alma sin edad se confiesa
con los tréboles húmedos de la madrugada.

Ciudad, viscosa, fría,
poblada de muchos rostros y ninguno.
Aullido de la ciudad-desierto,
esquinas sin albergue.
Ciudad sin centro, condenada a morir
bajo el diluvio.
Ciudad enterrada ya en el lodo animal
con puertas de oprobio y olor a goma quemada.
Ciudad clausurada y sin ventanas a lo alto
calles por donde ruedan papeles amarillos
y suenan las pisadas oscuras y sin nadie.
Gemido de la ciudad sin fuego.

Sol que resides en las amapolas
desnuda esta neblina.
Silba en la oscuridad una serpiente
llamada tiempo
con su pecho de abismo
ávida de la vida y de la muerte,
silba y avanza, ciega,
destrozando pájaros iniciales.
Formas del mundo.
Muerde en la carne de la verdad
en el tejido resistente de la luz.
Cae el bello dibujo de la hoja verde

El ruiseñor cantó en su noche
ciego.
Frío lo halló la alondra en el amanecer
Desencuentro de los amantes.


El corazón corrige al tiempo.
La alondra y el ruiseñor cantan unidos
en una aurora nueva.


Miraba yo las palabras en el fondo de un cubilete.
Con inocencia ponía a andar el lenguaje.
Quería recoger gemas ocultas bajo el follaje de los
parques.
El día ya termina y el viento sopla.
Los niños se reúnen junto a una estatua ciega.
Hora de soledad y de guirnaldas rotas.
Venga a nosotros el sueño.
Soñar es encontrar el bello reino de la muerte.
Amar el ruido del mar que se desvanece en el alba
recobrar lo perdido.
El día ya termina y las olas rompen con fuerza
sobre los muros.

(Cuando niña quería escribir un poema
para poner la palabra abedul
o acaso jacarandá, jacinto, lilas.
Luego supe que la poesía
corre bajo la piel como una sangre oscura.
Sentí que era una espera del don
una corona de música en el alba,
una dádiva, un sacrificio).
Elegí el incendio de las palabras
para alumbrar
una caverna de silencio.

Surcamos el espacio
como pájaros deslumbrados.
La luz nos mueve
hacia la intimidad del templo
mientras silenciosamente giramos
sobre la tierra ilusoria y pequeña.

En cada danza matinal
recogemos algunas flores
o tejemos coronas de hierbas verdeazules.
Descalzos, sobre tréboles mojados,
reímos en la inocencia.
Nuestros brazos reposan en remansos
de nenúfares blancos.

Nuestra estirpe ha sido llamada
a un gran viaje estelar.
Viajamos, dormidos,
hacia la casa
hacia el origen.

Desnudos, despojados, desvalidos
mendigos de la luz
cuidadores del fuego.
Nos diste el mundo desde tu palabra.
Eres el árbol del que me alimento.
yo también soy el árbol.
Tu rostro se esconde en el follaje.

Corona, inteligencia, sabiduría
por la Belleza avanzo hacia el Reino.
No me abandones, geometría de amor.
Después del sexto día comerán juntos el lobo y el cordero.

En qué rama del Paraíso
en qué balcón de otro mundo
canta el zorzal que vuelve
un día y otro
para decirme un canto que conozco.
Desde dónde hacia dónde va ese canto
o es que viene hacia mí para decirme
que una nube se acerca
y llaman por mi nombre
en otro amanecer
en otra rama.

Has recorrido tardes, signos
dibujos trazados por otras manos,
huellas sobre los márgenes de un libro.

Perseguía la música en la partitura seca
un alma viva entre las cifras.
Hasta que supe leer mi propia piel.
No estaré en los anillos de humo
ni en el número yerto de papeles marchitos.

Alzo un castillo de aire y letanías
pulo una piedra para reposar mi cabeza
tiendo
una red de ternura
para conjurar los lugares oscuros.
Construyo un collar de palomas
una fortaleza de juegos
para capturar los ademanes
salvajes del viento.
Aún no he podido
inventar el viento.

Habito entre los signos vivientes
entre cascadas de música.
Cuando la oscuridad gotea en un cuarto melancólico
se abre paso la luz y engendra un árbol
Nace un río de oro en un tiempo desierto.



Pequeñas victorias sobre la muerte diurna.
Oscura certidumbre
de yacer en la palma de una mano.

Nadar entre las nubes que la tarde apacienta
en el ahora de la palabra que se adelgaza
en el silencio
del
no
ser
que vuelve en un raudal de viento y sangre.

Breve corazón del bosque
latido de la dicha.

Trazos que el aire desnuda
sobre la roca
gemidos de flores carnales
signos del aire y la levedad
palabras
aun no pronunciadas.

El viento que no cesa.
Tiempo de purificación,
silencio que sigue a las grandes lluvias
comienzo de una frase
en el aire de la madrugada.
Alguien quiere decirse
alguien quiere escuchar
una señal de fuego.

El sol congela los cristales de la nieve
que han destruido las escrituras.
(Los hombres inventaron una pantalla muda
un remedo del alto espacio
un cielo donde navegan
falsos planetas.
Vacío del triste, demiurgo.
Desolación de las tumbas desiertas).

Cuando desfallecía me llamaste
en la tiniebla.
Tu paso hizo estallar las apariencias del mundo
y descubrió el país de la gracia.
Azucenas de nácar humedecieron mi frente.
Supe que nada estaba perdido.
Todo latía allí
en su corona sin tiempo.

El mundo se despliega
como un gran abanico de plumas de arco iris.
Tengo en mis ojos la sabiduría
Me dejo avasallar por el oleaje
terrible de lo bello.

Se abrieron para mí los umbrales del Reino.
Entré silenciosamente en un jardín vedado
palacio de alabastro
sin puertas sin pisadas.

Abismo, centro fulgurante,
frontera del vivir, puerta del mar.
Mis miembros yacían deshabitados
mientras el águila subía entre follajes
de una arboleda diamantina.
Se abrieron los portales del infinito
y fui una, indivisa, con el misterio.
Volví en la madrugada como un convicto a su cárcel.
Era una mendiga
que contempla una fiesta a través de los cristales.

Un árbol resplandece en su jardín de hielo.
El agua forma estatuas.
Se ha detenido el río.
El presente ha tallado flores de piedra dura.
Atrás ha quedado el silbo del viento
y su hermana doliente, la nostalgia.
Ya no suena el gemido del abandonado en su noche
ni violetas de frío se posan en su mano.

Una llave de oro
abre los palacios de la música viva.
Ahora puedo mirarte sin llorar.


Quién me tomó en sus brazos para izarme
a un espacio más allá del espacio.
Abrí mis ojos a otra luz
al aire deslumbrante de un país desconocido.
Descubría el camino de la ardiente locura
que revela a los ciegos las paradojas del vivir
y del morir.
Peregrina del cielo,
erraba por las sendas de un bosque no visitado.




Ojo del universo que desde mí me miras
Desde el jardín en ruinas se levanta mi voz.
inaudible
detrás de las palabras donde retumba el viento.

Aconteces en mí, viento
sin forma
soy el vaso que esplende
a tu contacto.
La morada dispuesta para tu fuego.

El hueco sobre la piedra
para tu pie de cazador.
Soy la palabra que tu ser habita
para reconocerme y para serme.
Colmas mi vida cuando la rebasas
de racimos, de luz, de sol, de nieve.

Silenciosa mayéutica del alma
capullo que se abre entre espadañas verdes
lirio sutil
que ya no puede
guardar sus alas.

Mediodía de luz
estuario abierto al infinito
país espléndido del origen
adonde sube la crisálida.

Aguas de soledad
lampos internos de ternura
morada silenciosa donde se posa el rayo.
Aguas maternas y sombrías
donde renazco.

Hogar
casa del día
recóndito reinado
alondra luminosa del alba.

Un arroyo de luz viene bajando
un movimiento de heliotropos
quiere decirse por mi lengua.
Suaves hojas se abren
y sangra una vez más el horizonte
en el sacrificio de la tarde.

Resido en un país
de altos acantilados.
La tierra cruje como una bestia herida.
Caen pájaros muertos
se oyen gritos de naufragio.
Levanto un puñado de palabras nacientes
como azucenas manchadas de mi sangre.
Habito las altas torres del aire.

Todo lo que hemos amado permanece.
No morirán las palabras temblorosas
ni el aire que susurra entre los álamos.
El fulgor de unos ojos
la pura nota de un violín.
Y el sol demorándose entre nubes moradas
sobre las barrancas del parque, en Paraná.

Ella teje su túnica.
feliz entre la púrpura hechizada
de su capa sutil
mientras el ruido abate las ventanas.
Tejía largamente una túnica
para arropar el alma andariega.
Con párpados de música
navegaba los ríos de la tierra.
Podía oír el callado rumor de la rosa
y el bramido del trueno en el atardecer
anticipando cataclismos.

Asomada al borde del mundo
con los pies enredados entre las flores
y mis cabellos al viento.

Doctora del rocío
magistrada del alba.
Prefirió la intemperie
aguardando con serenidad
el arribo de naves espléndidas y terribles.

Abismo de estar siendo
y de no ser aún
pasión, destino, ausencia,
regalo, espera.
Llanto de lo no sido
cerrazón de la piedra
felicidad en la hora
de la presencia.

Danza de faunos, letanía agónica,
fiesta
rastro del cielo
vida.

Dueña del silencio
de sus pasadizos solitarios
sombríos
inundados
de abejas encantadas.
Entre unas rocas ásperas yace la llave oculta.
Empecé un diálogo con el viento.
Supe escuchar su voz enronquecida
de pasión y memoria.
Olvidé las palabras
sólo quedó el silencio
hecho de música y poderío.

Viento auroral
déjame ser en ti.
Sollozo del sauzal
del árbol que padece la dulce angustia
de existir.

Clamor del agua que en cascadas se deshace
buscando en su delirio ser la piedra.
Inagotable sed del arenal
que el fuego castiga sin piedad.

Resplandor del alma en celo,
caída, sola,
tocada por el beso de la infinitud.

Claridad de la tarde de invierno
recogimiento del alma
en soledad.
Ninguna nube
en la bóveda blanca de los cielos.
Ninguna nube en la claridad del alma.
Eclipse de las formas
manso abandono del ser
a los mensajes del enigma.


Plenitud de llanura sin fronteras.
Presencia innominada del huésped.
Tu cuerpo era la madera de un arpa
que no conocía su destino.
Un teclado dormido
que una poderosa mano pulsó
hasta el sufrimiento.

Tus ojos se mojaban en la luz del mediodía
y tu cuello era acariciado por tibias palomas.
Se abrían las ventanas
sobre una prodigiosa pradera de amapolas.
El viento del océano doblaba
la rama frágil.
Un arpa despertaba a su memoria
un caracol
soñaba infinitamente con su música.

Vocación del morir
entre los llamados del mundo
luz entrevista en sueños
llama oscura
que alimenta la sed.

Vuelo del alma leve
que abandona los miembros voluptuosos
felicidad del aire sobre los pétalos yertos
cuerpo que fue morada y resplandor
Anticipo de la muerte;
morir entre la pasión y la levedad
un umbral de transfiguraciones
El cuerpo deshabitado
 es sólo arena de recuerdos.

Lúcida ebriedad del peregrino
que arriba a las puertas de la ciudad.
Huir del Jardín
en una sinfonía de tulipanes recién abiertos.
Flores de gracia, llueven sobre la frente impávida.
(Mi padre vino a buscarme
de traje gris
tan sereno y tan pulcro
como cuando venía
en aquel tiempo diáfano
y yo me vestía de capelina
para pasear por los jardines de Palermo.
No sé adonde quieres llevarme ahora
padre mío
pero ya estoy vestida).

Ella fue peregrina de lo oscuro
mendiga de las madrugadas
Bastaba decir
La lluvia sea
para que el trueno atravesara con furia la llanura
y las aguas desmelenaran su cuerpo sobre los techos.
Supo entonces que la eternidad
se ofrece a cada instante en la comunión
de la belleza.
Cae sobre la frente del que invoca
la fuerza poderosa y terrible del rayo.

Episodios de caza furtiva.
Cantar en la luz exacta
del mediodía
y presentir la húmeda penumbra de la noche.

Sortilegio del encuentro
nudo mágico del acontecer.
Caminar por el mundo como si a cada instante amaneciera.
Embriaguez
de los altos álamos.


Vengan a mí los ángeles
descubran esta frente en agonía
este pecho secreto y resplandeciente.

Hallen en estos miembros una huella
desnuden esta luz que desborda su vaso.
La música nace de mis dedos.

Paso de danza sobre el mundo
encuentro fugaz en la belleza
que anticipa el arrebato sagrado.
Encadenada entre jazmines
espero un rocío de eternidad
un breve espacio victorioso.
Paso de danza sobre el mundo
rondel que cierra el arco de las horas mortales.

Batalla del lenguaje
contra la destrucción de un rostro amado.
Caen los dulces cabellos deleitables
las pupilas
donde moraba la ternura.

Risas de niños, cantos, música de violines.
Construyo una morada de palabras
para encerrar ese paso de danza.

Este fue para ti
un jardín dulce y melancólico
reducto de extramuros donde se
anhela vivir
entre dalias fosforescentes
y rumores de agua.

Un jardín amado
transitado por verdes alimañas
y mujeres de cabellera sedosa.
Una morada musical
habitada por mariposas blancas
donde un oculto rey encendía los fuegos
de cada día.

En algún momento este jardín se reveló
como un lugar de destierro.
Empezaste a soñar con un amanecer absoluto,
con un día sin muerte.

El alma era una orquídea sin raíces
enredada en los muros del jardín.
Abandoné mis torres
para mezclarme con otros náufragos
hasta que comprendí
que sólo podía darles
una moneda de sangre
una mortaja
tejida con hilachas de mi propio corazón.

En la caverna del pecho nació un pájaro.
En el silencio de las grandes ruedas
que mueven los días y las noches
se oyó su canto solitario, tenue.

Sonaba en las albas iluminadas
o en la impiedad de desiertos dolorosos.
Pájaro auroral
ascua viva
corona de los días.

Dejadme amigos míos
en el vivir y el desvivir
dejadme entrar en la fogosa interioridad del bosque
donde residen los leones de la noche
y despertar en las auroras con jacintos azules
y ruido de mar en mis oídos.
Durar en el jardín
beber en el arroyo frío
entre piedras de musgo amarillento;
Mis ojos han sido destruidos
y han vuelto a nacer con luz propia.
Ellos me llevan ahora
entre nubes ingrávidas.