miércoles, 20 de mayo de 2020

VOCES DE HOY EN EL TIEMPO / N° 6




ENSAYO
Neurociencias.
El problema de la comprensión lectora

Por Soledad Barreto (*)
   En educación, la comprensión lectora suele ser uno de los objetivos y contenidos más trabajados, desde el acceso a la lecto escritura, hasta los niveles superiores.
   En conjunto con lo anterior, la lectura es uno de los procesos de aprendizaje más estudiado desde las neurociencias, puesto que implica una serie de funciones cognitivas, de simples a más complejas, para que pueda darse el resultado esperable.
   El cerebro humano, no está naturalmente preparado para acceder a la lectura. El invento de la escritura es muy reciente, para los cambios internos y de funcionamiento que ha tenido que realizar nuestro cerebro en los últimos 5000 años. La evolución de nuestro cerebro, implicó nuevas conexiones a nivel de vías nerviosas que debieron activarse, entrenarse y complejizarse para alcanzar una comprensión lectora adecuada. Este proceso se dio a partir de la capacidad que tiene nuestro de cerebro de plasticidad neuronal, es decir de moldearse, de ser plástico y flexible a partir de las exigencia de nuestro contexto, y de esta manera, se especializó para poder acceder a la lectura y a la comprensión. Y si bien la plasticidad cerebral nos acompaña a la largo de nuestra vida, los estudios demuestran que es mayor en los primeros años. Por esto, es necesario que se entrene y active cuanto antes.
   Como se estableció anteriormente, son muchos los procesos que se ponen en juego al momento de comprender un texto. Además de las funciones cognitivas superiores: atención, memoria, razonamiento, lenguaje y la percepción, hay niveles de procesamiento que se requieren para un desempeño asertivo, que acompañan al proceso de lectura per se.
Al momento de leer y comprender, se activan procesos adjuntos y simultáneos. Uno de ellos es la atención selectiva, la capacidad de atender activamente y discernir aquellos elementos fundamentales y necesarios para alcanzar la actividad que estamos queriendo lograr, de aquellos que son anexos y superfluos.
   Otro elemento necesario es la memoria, y sobre todo, la de trabajo, que es la encargada de mantener ‘on line’ aquella información que ingresa, mientras realizamos otros procesos. De esta manera, esta habilidad, nos brinda la posibilidad de ir sumando información a aquella que ya fue procesada e ir complejizándola, alcanzando niveles más altos de integración e interpretación. Junto a esto, se activa el razonamiento fluido, es decir la capacidad que posee nuestro cerebro de aprender a partir de las estructuras ya cristalizadas, almacenadas a nivel de memoria a largo plazo y así, sumar aprendizajes nuevos.
   A esta diada atención-memoria, se suman los niveles fonológicos, sintácticos, semánticos y pragmáticos, que desde el lenguaje, acompañan el sentido que le damos a lo que leemos.
   Desde un nivel más complejo, cuando el proceso de lectura, a partir de los niveles anteriormente destacados, ya está logrado, entran en juego las llamadas funciones ejecutivas, que suelen ser explicadas como el “gerente” del cerebro. Es decir, son las que dirigen todas las funciones cognitivas y distribuyen las ‘tareas’ a realizar cuando hacemos cualquier actividad. Cuando leemos, debemos jerarquizar y realizar una adecuada abstracción de los datos obtenidos, para poder comprender e interpretar. Y es ahí donde surgen las mayores dificultades, dado que es cuando uno debe sumar su impronta a aquello que está leyendo, su sello, su particularidad. Si bien pueden darse todos los pasos que se detallaron anteriormente, si no logramos activar la información requerida contextualmente, posiblemente nuestra comprensión e interpretación no sea completa, siendo la flexibilidad cognitiva, la capacidad de moldear lo que leemos, a la vez que nos moldeamos a nosotros mismos, el elemento esencial para completar el proceso de lectura y comprensión, en otras palabras, la metacognición.
   Trabajar la capacidad de seleccionar, extraer, jerarquizar y realizar inferencias a partir de lo leído, debe ser parte de ese proceso de enseñanza-aprendizaje. Poder dar su idea en función de lo leído, activando todas las funciones necesarias, pero alcanzando ir más allá de lo que el texto nos brinda.
(*) Soledad Belén Barreto Profesora y Licenciada en Psicopedagogía (Universidad Argentina John F. Kennedy). Co-directora de Equipo Atena (atención terapéutica y educativa en niños y adolescentes). Especializada en Neuropsicología del Aprendizaje Infanto Juvenil (Universidad Favaloro). Formación en Terapia Cognitivo Conductual. Actualmente se desempeña como psicopedagoga en el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y en Equipo Atena, realizando rehabilitaciones neurocognitivas y coordinando equipos de atención terapéutica de niños y adolescentes con TEA, ADHD, Dificultades Específicas del Aprendizaje y otros trastornos del neurodesarrollo. Especializada en Evaluaciones Neuropsicológicas y en Educación Emocional. Profesora en nivel medio y universitario en grado y posgrado (Universidad Favaloro). Asistente de investigación en el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro (WISC IV). Orientación Escolar en escuela de la ciudad de Buenos Aires-nivel medio. Participó como disertante en congresos a nivel nacional como internacional. Dicta capacitaciones y cursos para profesionales en distintas provincias del territorio argentino.






COMENTARIO
De la tierra y los ríos 
El espacio narrativo en “El largo atardecer del caminante”  de Abel Posse, “El entenado”  de Juan José Saer y “Río de las congojas”  de Libertad Demitrópulos

Por Cristina Daniele

   Toda acción narrativa ocurre en un lugar, que ese espacio sea real o no, imaginario o referencial, dependerá de las necesidades de cada relato.  La percepción que los narradores y personajes presentan de su entorno hace a la atmósfera narrativa, expone una manera de ver el mundo y de relacionarse con él, además de tener una funcionalidad específica en los proyectos de cada autor.
  En El entenado, Juan José Saer devela el entorno a partir de la mirada de un jovencito para quien lo que ve es nuevo, vasto, inconmensurable e incomprensible; en la novela de Abel Posse el espacio es un lugar por recorrerse, algo por descubrir, un desafío; mientras que en Río de las congojas la tierra y el río son lugares donde radicarse, fundar una tradición y crear una mitología ancestral.
   Es así que, si bien estas novelas transcurren en zonas aledañas – Buenos Aires/Santa Fe, Río Paraná/Río de La Plata – las relaciones establecidas con la región geográfica guardan semejanzas y diferencias; tanto por el modo en que los personajes se vinculan con el paisaje como por las propuestas de los autores.
El entenado sitúa su acción en tres zonas diferenciadas: El presente narrativo en España, en un lugar llamado “el pueblito blanco”, donde el personaje radica desde su regreso de América; la llegada de este personaje al Río de La Plata con Solís, en 1516, y los diez años que vivió con los Colastiné a orillas del Paraná.

   Los hechos narrados son traídos al presente por el protagonista anciano. Tiempo y espacio aparecen desplazados por los años, viven en la memoria de un testigo, el relato es una recopilación de recuerdos de los hechos que presenció siendo muy joven. Es así que la novela plantea dos dicotomías: “aquí-allá” – “antes-ahora”, de acuerdo a la mirada de su protagonista, Francisco del Puerto.
   “Allá-antes” es el pasado, la juventud, el aprendizaje. La experiencia en territorio americano, corresponde a un lugar inmenso y vasto. Inabarcable. La intemperie y el cielo abierto.
   “Acá-ahora” es el presente del protagonista anciano, vive en la ciudad que lo protege y ampara, corresponde al momento de la rememoración. El lugar en el que habita desde que aprendiera a leer y escribir. También el momento de la comprensión: “Ahora creo entender”.
   Del “allá” de la intemperie hasta el “acá” del pueblo español, Francisco, el eterno extranjero comprende su papel de intérprete, ubicado en un lugar tranquilizador. Entre el adentro (la casa en la ciudad española) y el afuera (la intemperie americana), la diferencia es la posibilidad de comprender y de narrar lo observado.
   “El entenado” de Juan José Saer se constituye como “texto fundacional”  del espacio narrativo privilegiado en la obra del escritor, aquí presenta el origen, el pasado arqueológico de Colastiné y Santa Fe, la zona reincidente, el lugar común de sus narraciones, el territorio donde su obra sucede. Además, forma parte de la tradición saeriana en cuanto al modo de narrar: la observación de lo real y su imposibilidad de aprehenderlo serán el eje sobre el que se construye el punto de vista, el mundo representado y la historia.
El largo atardecer del caminante plantea una multiplicidad de focos narrativos que se diferencian por la época y el lugar donde ocurren los hechos relatados. El presente narrativo en España, Sevilla, 1558; la experiencia de Alvar Nuñez en Méjico y la Florida, durante 1528-37 y los sucesos vividos en Brasil, Asunción y el Río de La Plata, entre 1540-44.

   El presente en Sevilla es el momento de narrar lo no dicho, develar misterios ocultos en su obra anterior, “Los naufragios”, mientras se convierte en cronista de la actualidad española, la situación en Sevilla y sus habitantes, durante los paseos y recorridos que realiza por la ciudad.
Alvar es el caminante que solo se detiene para producir: los seis años con los chorrucos le sirven para formar una familia  y aprender los artes de la medicina natural. Los años en Asunción lo llevaron a conocer mejor a sus compañeros conquistadores, a elaborar una teoría crítica sobre el dominio español en las Américas. Así, llega a la conclusión de que “los conquistadores y los descubridores no son la gente seria y circunspecta que debieran ser”.
   En el enfrentamiento entre españoles e indios, con la llegada de los conquistadores a América, se ha perdido un paraíso: “En donde nosotros entrábamos, el mundo irremediablemente perdía su inocencia. Éramos como una mancha que se extendía más allá de nuestra voluntad y de nuestra capacidad militar”.
   Desde ese presente narrativo, el protagonista recupera el pasado con la excusa de narrar aquello que no se ha contado. Nos dice que la tierra, el mar, los ríos son lugares por recorrer para este caminante a quien gobierna el deseo de descubrir, de saber, llegar, no lo mueve el afán de conquistar si no el de conocer y  aceptar al otro. Sus aventuras y desventuras sirven de ejemplo, la mirada crítica sobre la conquista se convierte en denuncia.
   Abel Posse postula con esta novela (y otras más, cabe aclarar) una crítica abierta a la conquista española de América. Muestra el accionar de los poderosos, su inhumanidad frente a lo desconocido, al otro diferente. En esta novela, el autor invierte los roles en la dicotomía civilización-barbarie.
   Río de las congojas sitúa la acción en la antigua Santa Fe, durante 1573-1583,  focaliza los hechos vinculados a la partida de Garay - con los soldados y las armas - para refundar Buenos Aires. Quedarán en la ciudad desprotegida, los mestizos que años atrás lo acompañaron desde Asunción para fundar Santa Fe siguiendo la ruta del Río Paraná.

   La novela narra las historias de dos fundaciones, de dos ciudades y el enfrentamiento de diferentes posiciones: los que elijen permanecer en la tierra donde viven y los que buscan otro lugar donde echar raíces. La cuestión está entre irse o quedarse; fundar ciudades o abandonar la tierra, crear un arraigo o irse a la aventura. Vencer o morir y regresar, como sea.
   Como círculos concéntricos las historias de los personajes se despliegan en 24 capítulos que van y vienen en un tiempo no lineal, fluyen como el rio mismo. “Todo empieza y termina con el río. Cuando se destruye Buenos Aires, tanto Pedro de Mendoza como Juan de Garay, suben por el río hasta Asunción y por él bajan (…) Por el río van y vienen todas las penurias, todas las congojas”.
   El camino que une estas ciudades (Asunción, Santa Fe, Buenos Aires), además de ser el camino al Río de la Plata,  es el Paraná denominado en la novela como “Río de las congojas y los desabrimientos”. Sus aguas serán el escenario privilegiado para los sucesos narrados. Ambos ríos simbolizan la puja entre las dos ciudades y sus habitantes.
   Río de las congojas cumple una función dentro del plan general de la obra de Libertad Demitrópulos. En un reportaje de la revista El desierto, manifiesta que trabaja con los elementos, el agua y la tierra, porque es lo que conoce, por eso están presentes en toda su narrativa, con ellos, dice “Intento hacer un friso del país con las distintas regiones”.
   Por otra parte, la autora presenta, una vez más, figuras femeninas heroicas, capaces de tener un lugar en el pasado legendario. Las mujeres, en este caso Isabel y María, como fundadoras de la historia y el mito.

   Estas novelas de Saer, Posse y Demitrópulos hablan de la conquista del territorio, de luchas, aprendizajes, desplazamientos y de un mismo pasado que es cuestionado: en ellas la conquista de América es fuertemente criticada. Es así que las geografías representadas adquieren un diferente estatuto: será el espacio visto desde afuera por los conquistadores o el espacio mítico de quienes lo vivieron desde adentro. Plantean tanto una discusión con los valores de la cultura masculina, europea y cristiana como una relectura de la tradición, de la conquista de América y del espacio nacional como principio fundante de la historia y la mitología local. [1]
 [1] Valga como ejemplo que en las tres hay hijos “ilegítimos”: Francisco “el eterno extranjero”, adoptado por los Colastiné; Nube y Amadís, hijos de Alvar y Amaría; los hijos que Isabel Descalzo tuvo de Blas (Blas, María e Isabel, ellos mismo son hijos no reconocidos).






ENTREVISTA A GRACIELA MATURO
La condición poética

Por Amalia Mercedes Abraria [*]

 Graciela Maturo (Sta.Fe 1928) es poeta, ensayista. Dra.en Letras.  Actualmente dirige el Centro de Estudios Poéticos Aletheia. Como miembro honorario integra el Centro de Estudios filosóficos “Eugenio Pucciarelli”. Entre sus libros de poesía mencionamos : Un viento hecho de pájaros, El Rostro, El mar que en mí resuena, Habita entre nosotros, El mar se llama ahora con tu nombre y Bosque de Alondras.

   Dentro de sus obras como investigadora  y estudiosa de la creación poética  figuran La mirada del poeta, Los trabajos de Orfeo, La poesía un pensamiento auroral , y El surrealismo en la poesía argentina (2016).
Ha dirigido, juntamente con Amalia M. Abaria y Susana Lamaison la publicación de Ceremonias de la luz (2017) Selección poética de cuarenta poetas argentinos contemporáneos.
   Premio Municipal de la CABA a obra inédita en 2016, por  Elogio del poetizar. En el 2018 ha sido distinguida como Personalidad sobresaliente de las Letras. por la Academia  Argentina de las Letras.

AMALIA MERCEDES ABRARIA: ¿Qué  es ser poeta?
GRACIELA MATURO: para mí esta pregunta es precedida  por otra más abarcadora y fundamental: ¿Qué es el hombre?   De la respuesta que otorgue cada uno de nosotros a esta última dependerá la visión que tengamos del poeta, la poesía y el poetizar. Es innegable que el hombre pertenece a  la especie animal, género de los mamíferos. Ese animal,  de vida temporalmente finita, sin embargo, se ha adueñado del planeta, ha logrado el sojuzgamiento de otras especies que le sirven de alimento, y ha logrado el exterminio de algunas de ellas.  Es el único de los animales que ha alcanzado a destruir su propio habitat. Por supuesto, nadie podrá negar que caracteriza al hombre la inteligencia creadora,  el cultivo o cultura, la construcción de ciudades  llamada "civilización", y sobre todo el uso del lenguaje.   No hay hombre sin palabra, a la que  en vano han querido algunos lingüistas derivar de los modos animales de comunicación. La palabra es siempre mucho más que mera comunicación. (Por eso he intentado sembrar una concepción del lenguaje que es ajena a la teoría del signo, aún reinante en nuestras universidades.)

   Como no intento limitar al hombre a la esfera animal y corpórea, ni tampoco ceñir la poesía a la noción de trabajo humano, te digo que tanto la filosofía -que he cultivado en distintas vertientes desde mi juventud- como la poesía misma, me han ido conduciendo a otra perspectiva: el hombre no es solo un ser animal más evolucionado, capaz de trabajos físicos y mentales; sino un cuerpo-alma que en su necesario devenir despliega sus potencialidades.  El alma no ha sido hallada por ningún bisturí. No podremos convencer a nadie  de estas verdades indemostrables por la ciencia positiva, pero sí ahondarlas en diálogo con los que participan de ellas. Escribió el místico sueco Emmanuel Swedenborg, que fue traducido del latín a mediados del siglo XIX: "La palabra es el puente entre la Tierra y el Cielo."   Esta expresión, que confiere un profundo sentido a las palabras Tierra y Cielo,  fue  comprendida por Edgar Alan Poe y su discípulo Charles Baudelaire, dando origen al Simbolismo francés, que si bien cultivó un estilo, fue un movimiento intensamente espiritual. La mónada cuerpo-alma destinada a reconocerse a sí misma a través de la percepción y la palabra, descubre algo  más. Se reconoce  como  sede del Espíritu  universal, el Ser, el Brahma o la Energía  que mueve el Sol y las otras estrellas, como lo dijo un célebre florentino. Apoyada en esta perspectiva, podría decir que en todo hombre late la posibilidad de ser poeta, pues por ser hombre tiene alma,y por ser hombre tiene palabra.  Y el reconocimiento de otra zona no puramente corporal nos induce a aceptar  en la palabra el nexo  que comunica entre sí a distintas esferas. Debo agregar que si bien la condición poética  se halla en potencia en todo hombre o mujer,  también se hace evidente que en todo grupo humano   se destacan  algunos seres más dotados o encaminados para desplegar esa potencialidad. Nos han enseñado los estudiosos de la antropología que en grupos humanos  primitivos, en culturas anteriores o coetáneas a la civilización moderna, esos hombres dotados para el canto lo están también para la adivinación, la videncia y la sanación. Son los shamanes de su tribu, los sanadores, los oficiantes de ritos y ceremonias, los maestros. Tal el origen del oficio de poetas, que algunos hombres y mujeres modernos rozan o alcanzan plenamente. Julio Cortázar, buen conocedor del tema, se denomina a sí mismo con ironía "shamán de bolsillo".

A. A.:  Herbert Read en su tratado de “Forma y poesía moderna” afirma que “ la palabra música, la imagen y la metáfora, constituyen la corriente sanguínea de la poesía, sin la cual no puede existir ni por un momento”. ¿Cuál es tu apreciación Graciela sobre  este tema cuando de diversas maneras y medios se difunden como supuestos textos poéticos,  escritos con expresiones llanas, descripciones objetivas, narración de banalidades?
G. M.:  La obra de Herbert Read es muy importante, y la he releído.  Él ha destacado  el valor de la imagen como forma primaria y basal del conocimiento, lo cual trae consigo una valoración particular de las artes. Éstas no serían nunca para él, un "ornato" de la cultura sino su semilla generadora.
   Al decir que la música y la metáfora son substanciales en la poesía, no hace sino reafirmar sus rasgos esenciales.  La metáfora abre un camino analógico, el "como si", que ayuda a pensar de un modo no racional, o al menos alejado de la lógica aristotélica. Por la metáfora una  cosa puede ser ella misma y también otra, hasta alcanzar a ser  su opuesta. La poesía enseña a pensar de otro modo, es como dice Heidegger, el "otro pensar".   En cuanto a la musicalidad, ha presidido la evolución del poetizar, desde el descubrimiento del verso pareado, que anticipa la antiquísima copla, hasta el actual verso libre que si es poético siempre tiende al ritmo, la más importante cualidad del verso. El ritmo es manifestación del impulso vital, de la respiración, del caminar, hasta del latir del corazón. En cuanto a la rima, a la cual llamó Verlaine   "bijou d' un sou" es menos importante; pero expresa también un acomodamiento de fondo y forma en la poesía.
   Con respecto a la poesía actual no puedo generalizar pero sí decir que algunos son poco estudiosos, creen que es poesía cualquier expresión descriptiva, narrativa o sentimental. Otros lo hacen con intención crítica. Hay unos cuantos que vuelven a las formas clásicas, pero no es cuestión de formas sino de la unidad forma-contenido.

A.A.: El extraordinario avance de la tecnociencia en el mundo occidental que tantos beneficios ha proporcionado al hombre, también fue acompañado por un proceso de desacralización que ha llevado al hombre a la muerte de Dios, la negación del sentido. ¿Cómo ha influido este proceso socio-cultural en la escritura contemporánea?

G.M.: La Ciencia es una conquista del hombre, aunque tenga efectos indeseados. La Razón, como instrumento del pensamiento, deberá ser ampliada y no negada. Así lo han propuesto Heidegger, Ortega y María Zambrano, entre otros. Pero si no existe vida espiritual el habla del poeta se va pareciendo más al discurso científico que al habla revelatoria de la poesía. Ahora bien, reconociendo esas cualidades del poema ya mencionadas  como esenciales, cabe aceptar que los tiempos modernos trajeron consigo un rumbo contrario a la espiritualidad. No quedaba a los artistas sino dos caminos, ser el eco de su tiempo, o nadar contra la corriente (como el surubí, diría mi siempre recordado Marechal).En mis estudios sobre poetas argentinos contemporáneos me dediqué a encontrar esas perlas, los endecasílabos de Giannuzzi, por muchos admirado como un poeta que rompe con  la tradición;  o  las afirmaciones poéticas de espiritualidad  en Teuco Castilla, que cree en la supervivencia del alma, habla con sus muertos, y  le dice a su hijo Baltasar, fallecido: y tú (estás)  "constelado”.
[*] Amalia Mercedes Abaria es poeta, escritora y artista plástica. Lic. en Sociología. Administra el blog de difusión de poesía “El silencio y el poema” Integra el Centro de Estudios Poéticos Aletheia que dirige Graciela Maturo.

Agradeciendo la invitación de Jorge Oscar Bach, hemos preparado un breve diálogo entre Amalia Mercedes Abaria y Graciela Maturo.





POESÍA BUENOS AIRES
 Una década de intenso trabajo poético
Por Adalberto Polti

   Ha venido a sustituir razones, a hundirse en crecimiento por el tiempo agobiado. Es el geómetra de los prismas incisivos, de la esfera que cae, y cae vertical; el que pregunta por la consideración de su esfuerzo y su traslado. Suelta un idioma que golpea en el trasfondo aquietado de los siglos, su estatura libre y sin ventajas para la presencia de los demás. No canta un desahogo, no ha bebido los líquenes de la soledad para mostrar su yo cristalizado en el trazo azul de una palabra concedida. Ha arrancado su idioma al universo, jugando entero cada nombre en la ruptura de su tránsito.
RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

Con estas palabras y bajo el título El poeta, se iniciaba una extensa e intensa trayectoria poética que Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983) junto a Jorge Enrique Mobili (1927-1994) firmaron el Editorial del primero de los treinta números durante la década 1950-1960. Fueron sus principales expositores Edgar Bayley, Wolf Roitman y Nicolás Espiro, quienes aportaron en sus páginas notas teóricas y ensayos conformando así una antología de textos poéticos en lengua castellana y traducidos en una primera parte, incluyendo textos teóricos y críticos sobre poesía de autores argentinos y extranjeros en la segunda parte. Durante esos diez años se publicaron trabajos de  los poetas Oliverio Girondo, Juan L. Ortiz, Aldo Pellegrini, Juan José Ceselli, Enrique Molina, Juan Jacobo Bajarlía, Alberto Vanasco, Mario Trejo, Carlos Latorre, Osvaldo Svanascini, Francisco Madariaga, Rubén Vela, Julio Llinás, Omar Luis Bondoni, Juan Antonio Vasco, Luis Iadarola, Elizabeth Ascona Cranwell, Rodolfo Alonso, Alejandra Pizarnik, entre tantos otros poetas.
   En 1979 la Editorial Fraterna publicó un extenso tomo titulado El Movimiento Poesía Buenos Aires (1950-1960). Literatura Argentina de Vanguardia. En una parte de la introducción decía Raúl Gustavo Aguirre: Poesía Buenos Aires trató de captar, en el vocerío, las voces que hablaban el Poema o hablaban del Poema con alguna garantía de veracidad. Prefirió la vida a la literatura, la incertidumbre a las ortodoxias, la interrogación al magisterio. Y no obstante, se hizo letra, valoración, orientación en la fatalidad de las contradicciones y en la consumación del devenir. Pero esas voces, extrañamente, siguen hablando.
   No fue un mero capricho placentero esta titánica tarea, sino la necesidad de concretar y plasmar en actos poéticos la tarea esencial del poeta: comprensión  profunda de la realidad, reflejar el prodigioso misterio de la vida y no asistir indiferente al espectáculo que se desarrolla alrededor del ser humano, son algunos de los principios que sustentaron los diez años de una excelente aventura poética. Extensa e intensa tarea dijimos al principio, trabajar por y para la poesía la poesía, identificarla con la vida en ese camino por trascender en el espacio y en el tiempo a través de la palabra, convertirla en un arte auténtico mediante la búsqueda de valores verdaderos, punto de partida para lograr un mundo habitable. Por aquello que decía Aguirre: Es la palabra la que da al poeta su razón de ser.
   Rigor en la selección del material y coherencia en su posición teórica han sido los dos pilares fundamentales sobre los que se construyó esta poética. Al decir de Aguirre en su trabajo Presencia de la poesía aparecido en uno de los números de la revista: La tarea esencial de un poeta no es otra que aquella por la cual deviene en hombre: la comprensión cada vez más íntima de la realidad en que se mueve, empezando por el universo y terminando por su casa, por su propia cabeza”.
   Uno de los colaboradores de Poesía Buenos Aires, Rodolfo Alonso, al contestar una de las dos preguntas que se le formuló en una encuesta sobre qué consecuencias tenía la poesía en su vida privada, dijo: “La poesía me ha salvado. El problema actual de la filosofía es el de la existencia. Y yo he hallado mi solución en la poesía. La poesía, que es la base de la filosofía. ¿De qué otra manera podría entonces influir mi poesía sobre mi vida privada, sino ayudándome a soportarla? Un poema inconcluso da fuerzas para seguir viviendo”.
   La ciudad, el mundo, han sido testigos presenciales de una década poética excepcional, una universal manera de ser rescatados del olvido y mediocridad reinante donde el arte muchas veces se ve derrotado por los medios que sólo venden lo que muchas veces la sociedad de consumo les produce riqueza y poder. Este emprendimiento de Aguirre y sus muchos colaboradores, que se destacaron en calidad y cantidad, nos ofrecieron con valentía postulados que las siguientes generaciones debemos seguir. No olvidemos lo plasmado en el trabajo Una continua obsesión: La poesía es algo maldito, y es necesario explicar de nuevo este lugar común. Maldita por ser la moral más pura en un mundo inmoral, el rostro único en un mundo de máscaras, la hombría cierta ante la intelectualidad bufona y pierdetiempo. Maldita por ser la inteligencia y el amor fundiendo juntos. Maldita por sus exigencias, por su avidez de conciencia y de verdad, por su necesidad de existir sin condiciones.
   Raúl Gustavo Aguirre nació el 2 de enero de 1927 y murió el 18 de enero de 1983. En 1980 recibió el Premio de la Fundación Argentina para la Poesía.


                           


DOS POETAS
   Jeton Kelmendi es periodista, poeta, dramaturgo y traductor. Nació en Peja en 1978. Inició su camino en las letras en el año 1999 con la publicación de su libro de poesías El siglo de promesas. La mayoría de sus publicaciones son en lengua albanesa (gjuha shqipe) a la que actualmente se considera la representante de la rama ilírica[1] de la familia de lenguas indoeuropeas y a la que Kelmendi no abandona. Incluso recuerda a Illiria como sus orígenes. 

[1] Illiria, territorio que hoy es parte de Croacia, Albania, Serbia, Montenegro y Bosnia.

Lleva contigo los periplos
Anduve dando vueltas por el pensamiento

sin encontrar la salida
El silencio y el sueño nunca ayudan

Guarda los recuerdos

llévalos en todos tus viajes
como ideas

Lleva contigo los periplos

con los que viniste y te irás
Toma ese martes por la noche, tráemelo
para juzgarlo
y trae también la luz de la luna traviesa
que puso gris nuestro pelo
Toma todo, bajo el paraguas de mis ojos
exprímelos
para darles una señal sin nombre

Las ruinas de pensamiento

se convierten en un museo de la memoria
Cierra todo para que el perdón no nos secuestre

Cierra todo debajo de ti mismo, debajo de mí



Aliento alegre
Anoche estuve intranquilo

Soñé contigo
Fue la más bella de todas las noches
a la que los pies humanos pueden entrar

Cada vez que la oscuridad se fue a un sueño

quise ser
la blancura que te cubriera el cuerpo
la que atase los dos pies del otoño
Tú, la hermosa
del planeta la más bella

Las palabras más preciosas carecen de valor

inquietan
Por qué no puedes ser más alegre
que la respiración
y volar hacia mi cielo



   Amadeo Gravino Nació en Buenos Aires en 1945. Poeta, crítico literario y dramaturgo, ha publicado más de veinte libros de poemas, entre ellos: Mariposas de alfileres, Cartas para un amor salvaje, Notas, El rock de la lluvia, Palabras como fotos.  Obtuvo mención especial en el premio de Poesía de la Municipalidad de Buenos Aires 1990-1991, y el segundo premio de la Fundación Inca 1994.



MAGALÍ
Magalí es hermosa como un verso de Rumi:
tengo su nombre entre mis manos frías/
es una recién nacida primavera
que recorre cansadas calles de mi historia
redimiéndolas con su fresca alegría:
Magalí es hermosa como un verso de Rumi
LA MÁGICA LLUVIA DEL POEMA DE
GONZÁLEZ TUÑÓN
Suena la Camerata Bariloche en la mañana gris/lluviosa/triste/
Que golpea la puerta de los desocupados
Las mujeres miserables
Y los niños mendigos
Mozart vuela en las cuerdas como un ángel
Para aliviar las penas de los solitarios
Para calmar el hambre y borrar la tristeza
Y también la derrita
Detrás de la ventana
Se oye la mágica lluvia
Del poema de González Tuñón





POETAS ELEGIDOS

Homenaje

a Ernesto Costa Perazzo y Michou Pourtale

ERNESTO  COSTA PERAZZO, LA  PRESENCIA DE UN POETA
Por Julio Bepré
Lo que el alma, esa palabra que calla para siempre,
que se apaga, ceniza del fuego
que aún arde en la memoria, sentía.
(Ernesto Costa Perazzo, de El Sol Rojo)



   Ernesto Costa Perazzo, recientemente fallecido, es un autor que realza la actual escritura poemática. Debe aceptarse –como se advierte en sus poemarios- que el poeta es un hacedor ceñido por la imperatividad y la polisemia  del lenguaje, abocado a la sublime tarea de alcanzar la plenitud del poema.
   Nos conocimos años atrás y surgió una amistad preservada por el afecto, por intenciones y logros comunes. Se acercaba con su pródiga estatura y un semblante a veces risueño y otras, con una mirada melancólica. Santafesino de ley, afincado en Buenos Aires (aunque viajaba asiduamente a su ciudad), fue un celebrado actor y un hombre de ávida reflexión por su cultura.
   Se entregó fervorosamente al “oficio de vivir”, hecho imprescindible para el quehacer poético. Bien lo expresó Rilke cuando sostuvo que un resultado lírico no nace de la cuestionable inspiración sino de la experiencia y la contemplación. Fue así como Ernesto se aplicó a la búsqueda de un sentido para ubicarse en el mundo en la fluencia del tiempo, del encuentro y la ausencia, del hallazgo y la pérdida de la vida y la muerte.
   Con algún rasgo mínimamente romántico (¿quién escapa de ello?), Ernesto nos brinda una obra, si no extensa, de trascendente mérito. No se trata de solo un desarrollo interior de su espíritu, como lo destacan sus alusiones a su Santa Fe natal, a su río, alamedas, cielos y recuerdos; se trata del poeta comprometido, agradecido con cuantos que poblaron su existencia.
   Quien escribe estas mezquinas líneas, conmovido, acoge la presencia de este poeta y amigo.
XIX
(De Las terrazas de la noche -1995-)

Sería imposible
que desde el cielo todos nos miraran.
He conocido el horror de días iguales,
de un vacío que el sol no disimulaba.
He hablado con la noche paso a paso
envuelto en el enorme desdén de los espacios.
He buceado los mares del silencio
mirando sólo la realidad, olvidando sueños.
He arrancado mis voces
y el espejo flotaba en el vacío
y también lloré, de pura niñez,
algodón inútil, desechado.

Sería imposible
un pozo en la tierra
que contuviera tantas almas.

Me vuelve la verdad,
la última mirada.


EL HECHIZO
(De El fulgor de la espera -2004-)

Un alma deshabitada es el peor hechizo
donde la palabra pierde su torpe esperanza,
como el ciervo, de inclinarse por las tardes,
de abrir ese largo bostezo de agonía
que lleva la propia irritación del silencio.
Cómo tener un grito que pueble los labios;
un girasol entre las manos que incendie la espera
de tantos días vividos sin nadie.

El alma deshabitada recorre los cuartos del silencio
y hace el inventario
con el desgano de una copa vacía
sin deseo
ADVERTENCIA
(De El pez y su ceniza, 2011)

Uno llega tarde a todos lados donde llega.
Los años diferencian los días;
explicarlo es decir: esta gente
que pone los negocios hoy, no es mi gente.
Si códigos
trafica la tarde con la ausencia y la lluvia.
Uno comienza a llegar tarde a todos lados
cuando se acerca el tiempo de no llegar más a ninguno.
Amor por los frutos y las noches palpitantes,
hasta que después no existen.

No soy el pájaro herido, apenas
me he perdido como hombre y la tarde
quebrada por la lluvia,
es un sueño que acaba
en la secreta noche de los ciegos.


AIRES DE ABRIL
(De Altas ciudades, 2016)

Hubieras debido comprender
este aire de abril,
el resto de mi historia que sobrevive
tus lejanos cielos,
la piedad de algún pájaro que se posa
en la ventana,
y hace pensar en lo extraño de esta vida.

Hubieras debido reconocer la rosa solitaria
que ansían nuestras manos para morir
acariciadas.

Aires de abril andan
mientras recorro estos caminos
que pensé olvidados.


TODAS LA VOCES
(De Voces de otro reino)

Y vinieron todas las voces a crecer desde el cielo
o tal vez estaban ya, sofocadas por la tierra
acallada de casas y arenales,
de caminos robados al río.
Tal vez habitaban ya entre las sombras del álamo,
en los cauces de esos arroyos que festejaban la infancia.
Nunca me ensañaron cómo se amaban para expresar
esos claros sonidos,
este anhelo de pronunciar la vida.


MICHOU POURTALE
Por Olga Reni
   Octubre  2019 – Desde mediados del año se han ido de nuestro lado tres poetas: Michou Pourtalé y su poesía tan personal, Ernesto costa Perazzo tras su indeleble amor y Jorge Paloantonio con sus voces catamarqueñas a cuestas. Nos han dejado nuestros amigos poetas en este camino de vida que nos resta y hoy quiero referirme en especial a la que fuera una amiga incondicional: Michou Pourtalé y su magnífica obra.
   Había nacido en Azul, plena pampa, descendiente de su abuelo Pierre Pourtalé, inmigrante bearnés quien llegó a América para labrar la buena tierra argentina.
   Dedicada a historia de Buenos Aires, hurgando papeles descubrí su apellido en una lista municipal, sobre terrenos en dicha provincia de 1864. Era de su familia.
    De allí el amor confesado a través de sus versos a la tierra, los árboles y el inmenso cielo, o simplemente a florcitas silvestres u hongos crecidos junto a viejas raíces, que sabía elevar a una alta condición literaria, a través de su espíritu amante.
   Consustanciadas plenamente en vida y poesía por nuestro sentir cuajado de sincera amistad, nos unía el quehacer de horas compartidas entre esos dos profundos sentidos.
   La sabía luchadora y lo fue hasta el final de sus días. En nuestras últimas conversaciones telefónicas me decía que sólo estaba viendo fluir la vida a su alrededor.
   Verdaderos amigos se tienen pocos, pero Michou reunía para mi ese entendimiento primordial.
   Su obra es realmente muy personal, con la descripción íntegra de su recapacitar sobre el transcurso del tiempo, la vida , el ser humano y el misterioso silencio.
   Así nos ofreció versos como La galga, o La mujer sin espalda, que diera título a su libro editado en 2014, con una particularidad sobresaliente que la muestra por entero a una autora de profundidad, rayana con un filosofar medido, sin estruendos literarios. El tema elegido era llevado al papel con precisión, sin forzamientos.
Se consideraba autodidacta y a partir de l997 publica Mi memoria caminante, Hombres en sepia, Damero para un cuerpo, Tibieza de los siglos, La misma que soy (mención de honor 2011 de la SADE en poesía), La mujer sin espalda y Tapiz de fondo, y gran cantidad de poemas a través de innumerables antologías, más sus ensayos sobre las obras de Francis Page y Nestor Perlongher.
   Su obra ha sido traducida al portugués, catalán y francés, habiendo realizado en la Alianza francesa de Buenos Aires, Travesías poéticas, en puente de unión con Francia, las que anualmente se desarrollan en dicha institución.
Michou: detrás de tu espíritu, en concordancia con aquellos que te conocimos, van nuestros deseos de paz, que sé has logrado sostener en vida permanentemente a través de tu fe cristiana.
   Adiós, pero hasta siempre con tus bellos libros. Te acompaña La mujer sin espalda:
                       

                        La mujer sin espalda
                        se sostiene con un  solo pelo de la nuca
                        vive en vilo constante el transmutar,
                        remueve sin pala la tierra de un vacío
                        que detrás la vuela de su angustia.
                        A partir de un ojo iluminado
                        ella apunta adelante hacia la meta
                        no le importan el pasado o la víspera del mañana,
                        nada la tumba ni aflige.
                        Bracea con estilo pecho, suelta su universo
                        agudiza el agua de la emoción
                        trance que la impulsa
                        desde la orilla cementada del estanque.
                        Espora de un raro helecho
                        esta mujer va rasgando las aguas de un infierno
                        con el arrastre del viento de su boca.




EN EL TIEMPO

Por Adalberto Polti
12 de octubre de 1896. Nace en Génova, Italia, Eugenio Montale. En 1948 se traslada a Milán, donde muere en 1981. Fue Oficial de Infantería durante la Primera Guerra Mundial y Teniente del 158º Regimiento de Infantería. Entre los libros de poesía publicados figuran Huesos de Jibia (1925), Las ocasiones (1939), La tempestad y demás (1956), Sátura (1971) y Cuaderno de cuatro años (1977) entre otros. En prosa publicó Mariposa de Dinard (relatos, 1956), Montale/Svevo (correspondencia, 1966), Auto de fe (crítica, 1967), Fuera de casa (artículos de viaje, 1967) y Sobre la poesía (1976). Poesía hondamente humana, su obra influyó en toda una generación de poetas italianos. Se ha dicho de él que es el poeta del drama de la soledad, pero también el de la existencia humana amenazada siempre por la corrupción. Montale tradujo a Miguel de Cervantes, Christopher Marlowe, Herman Melville, Mark Twain y William Faulkner. En 1975 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. De su libro Cuaderno de cuatro años lo recordaremos con un fragmento del poema


Quién sabe si algún día 
Quién sabe si algún día tiraremos las máscaras 
que sin saberlo llevamos sobre el rostro
Por eso es tan difícil identificar
a los hombres que encontramos
Quizá entre tantos, entre los millones, hay
uno en el que rostro y máscara coinciden
y sólo él podría decir la palabra
que esperamos desde siempre.

20 de octubre de 1854. Nace en Charleville (provincia francesa de las Ardenas) Juan Nicolás Artur Rimbaud. Murió el 10 de noviembre de 1891en Marsella, Francia. Su obra está compuesta por las siguientes obras: Poesías (1863-1869), Cartas del vidente (1871), Una temporada en el infierno (1873), Iluminaciones (1874) y Cartas completas (1870-1891). Abandonó la literatura a los 19 años para emprender viaje a Europa y África. Decía que el poeta debía hacerse vidente por medio de un largo e inmenso desarreglo de todos los sentidos. Su influencia en la poesía moderna y el arte e general fue amplia sobre todo en el grupo surrealista. Se inspiraron en la obra de Rimbaud André Bretón, Henry Miller, Pier Paolo Pasolini, Vasconcelos y Jim Morrison entre otros, influyendo también en el movimiento decadentista. Su hermana menor, Isabelle Rimbaud, dijo tras la dolorosa agonía del poeta: “Ya no es un pobre réprobo el que morirá cerca de mí. Es un justo, un santo, un mártir, un elegido”. Lo recordaremos con un fragmento del poema Alquimia del verbo de su libro Una temporada en el infierno:

Lejos ya de rebaños, de pájaros, de aldeanos
¿qué era lo que bebía
entre aquella maleza, de rodillas
en ese tierno bosque de avellanos
y ese brumoso y tibio mediodía?
¿Qué era lo que bebía/ en ese joven Oise
-¡olmos sin voz, oscurecido cielo, césped sin una flor!-
en esas amarillas calabazas
lejos ya de mi choza, tan amada?

27 de octubre de 1914. Nace en Swansea, Gales, Reino Unido Dylan Marlais Thomas. Murió en Nueva York, Estados Unidos, el 9 de noviembre de 1953. A los cuatro años recitaba de memoria Ricardo II de Shakespeare y a los dieciséis abandonó la escuela para dedicarse al periodismo. Entre su obra figuran Dieciocho poemas (1934), Veinticinco poemas (1936), El mapa del amor (1939), Retrato del artista cachorro (Autobiográfico, 1940), Nuevos poemas (1943), Muertes y entradas (1946) y En el sueño campestre (1952) entre otros, además de variada discografía, adaptaciones fílmicas y traducciones. La obra de Thomas es de una calidad y frescura inusitada. La musicalidad de su poesía contrasta con el resto de la poesía de su tiempo. Lo recordaremos con un fragmento de su poema


En mi oficio o arte sombrío 

En mi oficio o arte sombrío
ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus penan en los brazos
junto a una luz que canta yo trabajo
no por pan o ambición o vanidad
o el trueque de encantos
en escenarios de marfil
sino por la sencilla paga
de sus más secretos corazones.

27 de octubre de 1932. Nace Sylvia Plath en el barrio de Jamaica Plain de Boston, Massachusetts, Estados Unidos. Se suicidó a los treinta años, el 11 de febrero de 1963 en Primrose Hill, Londres, Reino Unido. Entre sus libros de poesía figuran El coloso (1960), Ariel (1965), Tres mujeres (1968), Cruzando el agua (1971), Árboles de invierno (1971) y Poemas completos (1981). E prosa ha publicado La campana de cristal (1963), Cartas a casa (1975), Johnny Panic y la Biblia de sueños (1977) y otros; además de obras para niños. Su obra La campana de cristal, novela semiautobiográfica, es el reflejo de las características psicológicas de Sylvia Plath donde la autora narra la vida de la joven Esther Greenwood, su alter ego. En esa obra, a través del monólogo interior, muestra la inestabilidad emocional junto a la depresión de la protagonista. De su extenso poema Tulipanes del libro Ariel la recordaremos con este fragmento: 


Los tulipanes son muy sensibles, es invierno aquí
Mira qué blanco está todo, qué quieto, qué nevado
Aprendo a estar en calma, yaciendo sola e inmóvil
Como la luz sobre las paredes blancas, esta cama, estas manos.


30 de octubre de 1871. Nace en Sète, Occitania, departamento de Hérault, Montpellier, Francia, Ambroise Paul Toussant Jules Valery. Murió en París, Francia, el 20 de julio de 1945. Poeta, ensayista y filósofo fue representante de la llamada “poesía pura”. Entre su extensa obra figuran La Joven Parca (1917), El cementerio marino (1920), Monsieur Teste (1926), Variedad (I, 1924; II, 1930; III, 1936; IV, 1938; V, 1944) y póstumamente Mi fausto (1946) y Cuadernos I (1973) y Cuadernos II (1974). A partir de la novela A contrapelo de Charles Marie Georges Huysmans descubre la obra de los poetas Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Jean Arthur Rimbaud y Stephan Mallarmé. En 1889 inició estudios de Derecho en el Liceo de Montpellier. Añoraba la carrera de marino, por lo que expresó en 1891: “Estoy ebrio de la belleza de las cosas del mar y me esfuerzo por asir su hermosura arriesgada y triunfal”. En 1925 fue elegido miembro de la Academia Francesa. De su obra El cementerio marino el siguiente fragmento: 


Calmo techo surcado de palomas
palpita entre los pinos y las tumbas
mediodía puntual arma sus fuegos
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!

31 de octubre de 1795. Nace en Finsbury, Pavement, en las afueras de Londres, Reino Unido, el poeta John Keats. Murió a los 25 años en Roma, Italia, el 23 de febrero de 1821. Escribió su primer poema titulado A imitación de Spenser a raíz de la lectura de la obra de Edmund Spenser La reina de las Hadas. Trabó amistad con destacados poetas de la época, entre ellos Percy Bysshe Shelley y Lord Byron. Entre sus obras se  encuentran Sueño y poesía (1816), Endymion: un romance poético (1817), Hyperikon (1818), La estrella brillante (1819), Oda am un ruiseñor (1819), Oda a la melancolía (1819) y La caída de Hyperikon: un sueño (1819) entre otras. De su poema Oda a la melancolía lo recordaremos con el siguiente fragmento: 


Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube en el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.


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