lunes, 10 de junio de 2019

VOCES DE HOY EN EL TIEMPO / n° 2




ENSAYOS

 

El gozo de la palabra

Por Jorge Oscar Bach

La joven noche

Ya las lustrales aguas de la noche me absuelven
de los muchos colores y de las muchas formas.
Ya en el jardín las aves y los astros exaltan
el regreso anhelado de las antiguas normas
del sueño y de la sombra. Ya la sombra ha sellado
los espejos que copian la ficción de las cosas.
Mejor lo dijo Goethe: Lo cercano se aleja.
Esas cuatro palabras cifran todo el crepúsculo.
En el jardín las rosas dejan de ser las rosas
y quieren ser la Rosa.

   Es un poema de Jorge Luis Borges que siempre llamó mi atención. Es especial el efecto que produce leerlo. Queda una extraña sensación de haber descubierto, a partir de la eficacia de la palabra y de la profundidad de la idea, el sentido de identidad, de la religiosidad y de la singularidad. El uso preciso del adjetivo, el artículo que adquiere su significado más amplio, el sustantivo que sintetiza la fusión de la realidad con la experiencia espiritual e intelectual, el verbo que todo lo contiene y lo justifica. La cita, la metáfora, la antítesis, la paradoja que hablan de la riqueza de la visión del mundo que habita el poeta, de su compleja sencillez.
   Acostumbrados a Borges, este poema existe en otro tiempo ajeno al tiempo, psicológico. Como si la existencia de la idea lo abarcara todo, lo comprendiera todo en un instante para después, como sabe resolver la lucidez de la oportunidad algunas cuestiones, diluirse; aunque no sin dejar la huella del poema para que la verdad se manifieste a su debido tiempo; porque la poesía no es menos que testigo de la existencia del pensamiento revelador.
   Borges es actor y nos hace partícipes de que la poesía es la extensión de la verdadera dimensión espiritual, racional del hombre en la palabra. En tiempos en que se piensa en la tecnología como extensión del cuerpo, como prótesis que facilita y promueve las posibilidades de encuentro con el mundo circundante, la poesía, y especialmente la palabra, que todo lo habita e interpreta, es la extensión del pensamiento humano, de su identidad, de su trascendencia. Al decir de Berkeley, ninguna cosa no pensante es posible que tenga existencia alguna fuera de las mentes o cosas pensantes que la perciben. Conocer la poesía es valorar al ser humano en su máxima expresión. Sin embargo, hay quienes piensan que la poesía, para ser próxima a la mayoría, debe utilizar un lenguaje restringido.  No es extraña esta postura. La pregunta es ¿aún cuando la poesía fuera poseedora de un lenguaje sencillo, más que cotidiano, sería accesible a todos? La poesía es síntesis conceptual.
   Pertenecemos a una sociedad que se ha ido desvinculando progresivamente del conocimiento y se ha dejado seducir por el avance tecnológico cuyo mayor desafío implica la adecuación a las posibilidades de funcionamiento del medio y el acceso a la información, hecho que no garantiza la aproximación a las bases del desarrollo y evolución del  pensamiento humano.
Sin embargo, es necesario reconocer que esta desvinculación del conocimiento es producto de siglos de ignorancia. Y este es un fenómeno contra el que vienen luchando los grandes poetas cuyas voces parecen distanciarse, cada vez más, del hombre común.
   Hobbes, en el año 1651, haciendo referencia a la experiencia que moviliza la desvinculación del conocimiento, en el Leviatán, dice:
   Así en la correcta definición de nombres radica el primer uso del lenguaje, que es la adquisición de la ciencia. Y en las definiciones falsas, es decir, en la falta de definiciones, finca el primer abuso del cual proceden todas las definiciones falsas e insensatas; en ese abuso incurren los hombres que adquieren sus conocimientos en la autoridad de los libros y no en sus meditaciones propias; quedan así rebajados a la condición del hombre ignorante…
   Pero además de Hobbes, T. S. Eliot se pregunta en el primer coro de La roca publicado en 1934:

¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
   T. S. Eliot tuvo razón. Y su razón es más evidente a medida que avanza la tecnología: por ella la información fluye; pero el conocimiento expande fronteras y la sabiduría se hace vida. El hombre sabio encuentra sentido a su existencia y en ese mundo de contenidos recobra valor la palabra.
En una sociedad hecha a la búsqueda de placeres inmediatos, existe una limitada capacidad reflexiva, por ende, una limitada capacidad expresiva que el escritor debe trascender. En este sentido, no debe considerarse arrogante la labor del escritor, es necesaria en tanto que quien escribe no debe dudar de que el arte manifiesta una posibilidad de transformar, de mejorar a la sociedad. Aristóteles hablaba del hombre como animal político y define al arte como aquello que es verosímil, entretiene, emociona y produce placer. Y la literatura es el arte que evoca el placer de la palabra, que hunde sus huellas en el ser social e individual.
    En el poema Los Justos, Jorge Luis Borges dice:

Un hombre que cultiva un jardín como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

   Este poema de Borges es invaluable, porque invita al ser humano a despojarse de toda actitud mezquina para encontrarse con aquello que da sentido a su relación con el mundo. No son las grandes obras las que lo salvan; sino el placer de compartir el tiempo junto a otros, el placer del diálogo, del trabajo, de la lectura, de la palabra.
Alejada de la poesía, la sociedad es afásica. La poesía es síntesis conceptual, riqueza de la palabra. Y el valor de la palabra es fruto de la experiencia que brinda caminos para la realización de esa experiencia, del encuentro con el pensamiento reflexivo y la belleza. A diferencia de las ciencias, es la poesía la que explota las posibilidades del lenguaje e invita al lector al desarrollo de sus capacidades expresivas.
Pertenecemos, así nos duela reconocerlo, a una sociedad afásica que abandonó ya no solo el camino de la sabiduría, abandonó el amor por la experiencia del conocimiento. Es una sociedad que no puede expresar libremente sus ideas porque no puede establecer la relación entre los significados y los significantes apropiados. El sonido es el signo de una idea, dicen los lingüistas. Una idea no puede existir sin un sonido que la exprese, como tampoco puede existir un sonido sin una idea que expresar. La literatura abre a la posibilidad de la exploración y expansión del mundo de los significados y, por ello mismo, a la creación de mundos nuevos.
   Tolkien habla de la sub-creación. Y esa sub-creación emerge del significado sencillo y profundo de la palabra. ¿Qué entiende por ello? Al decir de Bachelard, se explicaría como la creación de mundos posibles. De otro mundo que no necesita ser parecido a nuestra realidad; pero existe porque en virtud de la creación literaria, del arte de la palabra, nuestra psiquis lo hace real, y lo hace real porque tiene sentido. Es un mundo ilustrado por las imágenes creadas con palabras, por seres que habitan una realidad que deseamos reconocer. Steven Spielberg dirá que no importa cómo contamos la historia, sino que haya una historia. Es decir, que exista un compromiso real con la creación a partir de la palabra, el guión, que haya contenido.
   Después de todo, el ser humano no debe olvidar: en innumerables culturas no existe otra forma de explicar la existencia del hombre sino a partir de la voluntad creadora que se manifiesta con la palabra. Cada cosa que habita el mundo adquiere forma a partir de que se la puede designar, nombrar. En un principio fueron los seres y los objetos; luego fue el triunfo, la derrota, el amor, la pasión, la entrega, la fidelidad, etc.
   La creación mediante la palabra de ninguna forma puede ser tomada a la ligera. Es la palabra la que nos ha otorgado la posibilidad de ser y de reflexionar acerca de la existencia. Es a partir de la palabra que se organizaron y desarrollaron el individuo, la sociedad, la filosofía, las ciencias, las leyes, la economía, la educación, la familia. La creación del lenguaje seguramente ha sido la creación más bella y productiva del ser humano. No es poco pedir que el arte de la palabra presente desafíos continuos, que genere la incomodidad necesaria en las personas para que la idea vuele hacia la reflexión, el conocimiento, la sabiduría. Recobrar el gozo de la palabra, el valor de la palabra, es la principal labor del poeta.



ENTREVISTA

A Carlos Enrique Berbeglia

Por Julio Bepré

 

Carlos Enrique Berbeglia es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, se doctoró en filosofía y antropología filosófica en la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido la docencia en distintas universidades del país y tiene una vasta obra filosófica y literaria.

 

J. BEPRÉ: ¿Qué es y cómo se relaciona la antropología filosófica y con otras disciplinas?
CARLOS ENRIQUE BERBEGLIA: Se trata de una corriente del pensamiento que comenzó a gestarse a finales del siglo XIX: al lado de la epistemología configuran las últimas especializaciones “académicas” acontecidas en los espacios de la filosofía occidental. Si  bien tienen en común la necesidad de recurrir a distintos ámbitos del conocimiento para elaborar sus reflexiones (socio-históricas, literarias, estéticas, psicológicas y propias de las ciencias duras) ello da lugar a una visión ampliada del campo estrictamente filosófico; la antropología cuenta con la posibilidad auxiliar, dada la apariencia, de una terminología menos técnica, y por su mayor extensión humanista, de alguna mayor incidencia en las respuestas y cuestionamientos de la problemática humana.

JB: ¿Existen entonces distintas direcciones de la antropología?
CEB: Depende del tipo de antropología al que hagamos referencia. Si encaramos la antropología cultural en corrientes tales como el evolucionismo, el funcionalismo y el estructuralismo, ellas  marcaron distintas orientaciones en el conocimiento de lo humano; la prehistoria, la etnología. En el caso de la antropología filosófica las recurrencias a la metafísica, la gnoseología y a la propia historia de la filosofía,  resultan  pasos obligados en la obtención de los mismos fines.

JB: ¿Cuál es la razón de la existencia del hombre y cuál es su esencia?
CEB: El hombre persiste como ser histórico en épocas precisas, en distintas regiones del Planeta, expresándose en lenguas diferentes y bajo el alero de religiones o ideologías diversas; la suma de estos factores facultará, en aquellos que acepten el desafío de pensarse, la respuesta que se otorguen a sí mismos. Digamos que, en los tiempos actuales, corrientes filosóficas como la existencialista, en boga en los años inmediatos a la finalización de la Segunda Guerra, hicieron coincidir esencia y existencia en una atmósfera donde el pesimismo y la apertura a la libertad se respiraban contradictoriamente, atmósfera que se fue enrareciendo hasta el extremo de llegarse a considerar la formulación de cuestiones de este tipo, sostenidas, por ejemplo por los neo-positivistas, como debidas a meros juegos del lenguaje.

JB: ¿Es el hombre sólo un contenido biológico?
CEB: Únicamente posturas férreamente reduccionistas se atreverían a dar una respuesta de contenido afirmativo a la pregunta; el hecho de que nuestro sostén sea, en efecto, biológico y compartamos las mismas necesidades materiales que el resto de cuantos seres nos acompañen en los atribulados senderos de la vida, no debe llevarnos a olvidar que la superación de las determinaciones de esa base nos convierten en seres humanos, cuya sangre alimenta una espiritualidad cercana a la de los ángeles, u, otras veces, lo hace descender a estadios inferiores a las de las bestias.

JB: ¿Cuál es la estimación de lo humano en la actual realidad occidental?
CEB: Hemos arribado a las puertas de un edificio construido por nosotros mismos el cual, paradójicamente, aunque sabemos el tipo de mobiliario que posee, intuimos puede resultarnos poco acogedor: un desarrollo tecnológico automatizado al servicio de la salud humana paralelo de fundamentalismos ideológicos medievales que amenazan destruir esos valores que la hicieran posible; una naturaleza avasallada que se rebela (por ahora) tímidamente en los cambios climáticos y un crecimiento, si no exponencial como se temía hace años al menos aritmético, de la humanidad que la sobreexplota; el agotamiento de las reservas morales amparadas en la razón y su reemplazo por prácticas que sumergen, a las mayorías, en planteos políticos
de los que ignora sus fundamentos lógicos; entre otros, mientan la opción por una respuesta ambigua a la pregunta, al percibir que el más sagrado de los nexos tendido entre los hombres, el respeto mutuo, por cierto nunca muy acatado que digamos en el decurso histórico, no pareciera figurar en el mobiliario metaforizado del edificio que supimos construir.
JB: ¿Por qué existe diversidad en cuanto a valores, creencias y estimaciones diferentes en la realidad?
CEB: Asistimos al espectáculo brindado por un mundo polisémico, resultado de una historia acumulada durante milenios que, a partir del siglo XVI, con la incorporación de América y el resto de los continentes a la base cultural y religiosa grecorromana, extendida, tras la caída del Imperio, al resto de Europa, comienza un proceso que culmina en lo que, actualmente, se ha dado en llamar globalización. Un mundo confluente de la totalidad de esos aportes (estéticos, cognitivos, vivenciales, míticos, lingüísticos, entre los decisivos) y, a la vez, divergente puesto que no siempre el apretujamiento conduce a un roce admisible entre las corporeidades, donde los eslóganes de fácil aceptación y contenido vacío (al estilo de la proclamada pos-verdad, de obligada vigencia en los círculos esnob e intelectualizados, como si alguna vez la Verdad hubiera regido el destino de los hombres) y las presiones por la sobrevivencia diaria determinan la existencia de un escenario donde nos desempeñamos, simultáneamente, como actores pasivos y espectadores activos.

JB: ¿Puede avizorarse un destino final y trascendente para el hombre?
CEB: Trascendente no sé pero un destino “final” sin revista de caracteres catastróficos o apocalípticos apuesto a que sí. En un texto filosófico de mi autoría me extiendo en el análisis del concepto propio Racionalidad instintiva. Entiendo por él una característica que guía a la humanidad desde que tenemos registro de sus andanzas: nunca se arroja al abismo, no es suicida aunque aliente guerras, promueva el esclavismo o cometa acciones genocidas espantosas siempre sabe detenerse a tiempo, como muy bien lo ejemplifican los no repetidos ataques atómicos a Hiroshima y Nagasaki. Si, no obstante revestida de problemas accedió al siglo que transitamos, no tropezará consigo misma en los venideros, aunque, para ese logro, deba continuar coronándose de tropelías.



Memoria

RICARDO PIGLIA

Piglia y el relato policial. Los casos del Comisario Croce.
Por Cristina Daniele


En 2018, accedimos a la edición póstuma del último libro de cuentos de Ricardo Piglia, Los casos del comisario Croce(1). Después de la novela Blanco nocturno, es en este grupo de relatos donde podemos rastrear las características del personaje y su método de investigación con mayor profundidad y detalle.
El lugar de acción de Croce es la Provincia de Buenos Aires.  El período de sus aventuras abarca desde principios de la década del 50 hasta mediados de los 70.
   En Los casos del Comisario Croce, Piglia dice que sus relatos se basan en hechos reales, y que se mantendrá “fiel a la tradición realista del género”, sin embargo fácil es comprobar que solo un cuento (La música) tiene su origen en “casos reales”, la mayoría surge de la literatura (El conferencista, El Astrólogo, El jugador, La resolución, El Tigre), de mitos urbanos (La película, La promesa), de dichos de terceros (El impenetrable, La señora X), de la historia (La excepción). En este sentido, el autor exige un lector atento, con capacidad de interpretar y deducir: “Quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende sólo de quien la construye sino también de quien la lee. La literatura es también la posición de un intérprete. (…) La ficción como una teoría de la lectura.(2)”.
   Del mismo modo, Croce se define por sus habilidades deductivas y de asociación, los juegos con el lenguaje, cierta marginalidad, la melancolía, suele estar  “metido siempre en misterios y asuntos ajenos”, es “ingenuo y fantasmal”, y “aspira a que la justicia se acerque a la verdad.”  Sus características son rastreable en la acción: sensible, de pocas palabras, generoso, muy buen lector de los signos y rastros dispersos, “el mejor investigador de estas provincias, famoso por sus métodos nada tradicionales de descifrar los enigmas que le planteaba la realidad.”
   El método Croce consiste, entonces, en tener, por un lado, capacidad de observación, ser un buen rastreador y, por otro, arriesgar deducciones, realizar inferencias hipotéticas, la disposición ”, seguir las corazonadas, los pálpitos, rastrear en el terreno, distinguir las pistas verdaderas de las falsas, examinar atentamente, conjeturas “.”
   Entre la interpretación y la acción. En estos límites se moverá el personaje, de la lectura y la reflexión al trabajo de campo, los juegos con el lenguaje, la libre asociación de ideas y recuerdos.
   Sin dudas, un acto programático del autor. En especial, el uso del género policial en contra del realismo hegemónico, “Estos comisarios del género son siempre un poco ingenuos y fantasmales, porque, como decía con razón Borges, en la vida los delitos se resuelven - o se ocultan – usando la tortura y la delación, mientras que la literatura policial aspira – sin éxito – a un mundo donde la justicia se acerque a la verdad.”  
   Se podría hablar de una postura activa e intencional que elige el relato policial porque pone en evidencia la artificialidad, la pura ficción, los juegos intertextuales (gauchesca, Borges, Arlt, otros textos de Piglia), los procedimientos de la escritura, las estrategias y las retóricas.  Los casos a los que se enfrenta el investigador exponen la sutileza de la construcción literaria: “…el género viene a resolver un conflicto que la sociedad no puede resolver porque siempre habrá crímenes sin solución”.
Piglia organiza en torno al comisario y sus aventuras, una genealogía literaria: Borges, Arlt, Chejov, Chesterton, Poe, Conan Doyle, la literatura gauchesca. Enmarca sus relatos en dos tradiciones: la literatura policial clásica y la literatura nacional. Entre esos dos mundos se mueve el personaje, con comodidad, sabiendo adónde se dirige y cuál es el espacio donde quiere ser reconocido, donde busca a sus lectores.
   En paralelo, el autor proclama, a través de su detective, su propio lugar en esa genealogía y, lo que podríamos llamar, “el método Piglia”: intertextualidad, discusión teórica y exposición de un modo de leer dentro de la ficción, la literatura como espacio donde buscar y encontrar el material para escribir.
                                                    
1.    Anagrama 2018
2.    El último lector. Anagrama 2005



MINICUENTOS

Dos escritores argentinos

Enrique Anderson Inmbert

 
Nació en en Córdoba, 1910 y falleció en  Buenos Aires en el año 2000. Fue narrador y crítico literario argentino. En el año 1954, fue autor de un ensayo fundamental, Historia de la literatura hispanoamericana.

   Anderson Imbert estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Buenos Aires y fue discípulo de Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña. Inició tempranamente su labor narrativa con Vigilia (1934), que fue reeditada con su novela Fuga en 1963. Ejerció la docencia en las universidades estadounidenses de Harvard y Michigan, como profesor de literatura hispanoamericana, y destacó por sus ensayos y críticas.
   En 1967 ingresó en la Academia Americana de Artes y Ciencias y en 1978 fue nombrado miembro de la Academia Argentina de las Letras, de la que ejerció la vicepresidencia entre 1980 y 1986. En 1994 fue finalista del premio Cervantes. Sus cuentos se sitúan en una zona entre lo fantástico y el realismo mágico: El gato de Cheshire (1965), La locura juega al ajedrez (1971) y La botella de Klein (1975). Recopiló sus ficciones en El mentir de las estrellas (1979).
El diluvio
   Zeus, para mejorar la raza humana, ordenó a Eolo y Posidón que anegaran la tierra.
Diluvió. Mares y ríos se juntaron. Inmensas ciudades inmersas.
   Los hombres se defendieron construyendo balsas y embarcaciones. Vislumbraban, en el fondo del agua, el techo de sus casas y confiaban en que alguna vez podrían retornar. Entre tanto, remaban sobre sus huertos y se zambullían para coger manzanas; pescaban peces que andaban como pájaros por entre las ramas más altas de los nogales.
   Entonces, antes de que Zeus volviera a poner las cosas como estaban, las sirenas acudieron presurosas de todas partes y aprovecharon esa ocasión única para recorrer, con ojos asombrados, las calles sumergidas por donde habían caminado los fabulosos hombres.

 

 

 

Ricardo Rubio

 

   Nació en Buenos Aires en 1951. Es poeta y narrador. Ha publicado también ensayo, teatro y traducciones de poesía del idioma inglés. Fragmentos de su obra poética se han traducido al árabe, ruso, alemán, búlgaro, mandarín, catalán y rumano. Dirigió con Antonio Aliberti la revista Universo Sur (bilingüe italiano – español) que difundió poetas argentinos en Italia. Dirigió el Grupo Literario La Luna Que y sus publicaciones La Luna Que, Tuxmil y Crisol.
   En narrativa se destacan Calumex, Minicuentos Grises, Crónica de un legado hermético.
El Ajuste
   Atravesé el portón que da a Bermúdez a las diez de la mañana. Era un preso sin prisa que regresaba de la libertad de la cárcel al brete de la libertad. Me sentía comido por la reja; veinte años por un crimen ajeno era algo más que un malestar pasajero. El verdadero culpable andaba tranquilo, y esa tranquilidad me la debía. Lástima que había prosperado tanto en el escalafón político, cazarlo se hacía duro. Pero en la historia de los hombres siempre asoma una sombra que desnuda la debilidad, y esa flaqueza se llamaba Fiona que tenía marido, perro y una escandalosa lista de compras semanales en Palermo.
   La esperé en la galería un viernes a las tres de la tarde. Cuando entró a las cocheras, le apoyé el filo en el pescuezo y de checo la hice subir a su cuatro por cuatro. Luego, conduje hasta Goyena, en Caballito; atravesamos el portón, la desaté y desactivó la alarma. Con el marido de viaje, se obligaba la visita del que me la debía.
   Me armé un corchito y esperé tranquilo recorriendo de reojo a la fulana, menos por seguridad que por placer. Me pareció de coser y bordar. Ahí nomás le batí cantina y transó enseguida. Después del recreo, la seguí venteando como para memorizar sus detalles: la hendidura a lo largo de su columna vertebral, el bailoteo de sus ojos en los primeros roces, el modo de arquearse en los últimos…
   Estaba en eso cuando apareció el candidato. Ella abrió la puerta y lo hizo pasar. Al tipo la sonrisa le duró hasta el borde de la alfombra. No había cambiado mucho, una que otra cola de rata, alguno que otro gramo aquí o allá, pero nada más; era una conserva en ocio y palabrerío. Estuvo sosegado hasta reconocerme, recién ahí empezó a disculparse como si veinte años en gayola hubieran sido veinte minutos, y ensayó varias sonrisas llenas de dientes con gestos hipócritas, propios en su actividad.
   Cuando sacó el revólver, le clavé la punta en la muñeca y se dio cuenta de lo que iba a pasarle. Imploró por sus hijos, por su vieja, por la causa. Precisamente, por la causa le atravesé el corazón ni bien salió de la alfombra. Más tarde, lo tiré al Riachuelo para que se sintiera cómodo con su nuevo estado civil y dejé la cuatro por cuatro en Parque Chacabuco, donde el marido de Fiona me dijo que la dejara.
(De Minicuentos grises –aliteraciones, sonsonetes y otros juegos-. Ediciones La Luna Que. Buenos Aires. 2009)



ESCRITORES ELEGIDOS

Dos escritores italianos

Nota y versiones de Julio Bepré

Vincenzo Cardarelli, la intimidad reflexiva
Vivo de sueños y locas esperanzas.
En mi sepulta libertad
veo pasar los días,
siempre nuevos para mí, siempre distintos. 

   Una permanente reflexión interior motiva en forma constante la escritura de Vincenzo Cardarelli (l887, Viterbo –. 
  Son trascendentes sus visualizaciones y ritmos atinentes a recuerdos, paisajes, sentimientos y al trasfondo ético de todo lo humano; a una visión exclusivamente leopardiana de la vida, Cardarelli opone una poesía lineal motivada por la experiencia.
   Cardarelli  tuvo un existir errabundo y solitario de austera dignidad: A la vida la he castigado viviéndola, expresó.

NATURALEZA

Por ti renacen las vedadas imágenes.  
Tu joven cabeza rizada es como el pomo del tirso,
cuerpo acoplado, festivo, trágico.
Tú no conoces el amplio arco impetuoso de tu sonrisa.
¡Cómo relumbras, cómo se dilata tu rápido tránsito!
Yo soy tu mártir y testigo.
A veces tu presencia me roza como una inmersión
imprevista en la primavera.
Tú eres el hechizo de las mañanas que no volverán. 
¡Atónitas y prodigiosas mañanas que no saben cómo entrar
en nuestra necedad!
Ritmo, virginidad, perfección.



OTOÑO

Otoño. Ya lo sentimos llegar
en el viento de agosto,
en las lluvias de setiembre,
torrenciales y dolientes,
y un estremecimiento recorre la tierra
que ahora, desnuda y triste,
acoge un sol turbado.
Ahora pasa y decae,
en este otoño que avanza
con retardo indecible,
el tiempo mejor de nuestra vida
y largamente nos dice adiós.


YO NO SÉ MÁS CUÁL ERA
  
Yo no sé más cuál era
el puerto que avistaba.
Por tantos lugares sorprendentes y extraños
me retuvo el amor, que es hostil
a todo alto destino
como el viento contrario al navegar,
donde perdí mi tiempo
y malgasté las fuerzas de mi corazón.
Lugares a los cuales, relegados,
no he de volver jamás.
Así la tierra es para mí
nada más que un asilo
cerrado, un cementerio de memorias.

NATURA

Per te risorgono le viete immagini.
La tua giovane testa ricciuta è come il pomo del tirso,
corpo inastato, festivo, tragico.
Tu non conosci l’ampio arco impetuoso del tuo sorriso:
come sfolgori, come si dilati una tua mossa rapida!
Io sono il tuo martire e il tuo testimone.
Talvolta la tua presenza mi tocca come un’immerzione
improvisa nella primavera.
Tu sei l’incanto delle mattine che non torneranno.
Stupefatte e straordinarie mattine, da non sapere la nostra
irrisorietà come entrarci!
Ritmo, verginità, perfezione.


AUTUNNO

Autunno. Già lo sentimmo venire
nel vento d’agosto,
nelle pioggie di setembre
torrenziali e piangenti,
e un brivido percorse la terra
che ora, nuda e triste,
accoglie un sole smarrito.
Ora passa e declina,
in quest’autunno che incede
con lentezza indicibili,
il miglior tempo della nostra vita
e lungamente ci dice addio.



IO NON SO PIÚ QUAL ERA

Io non so piú qual era
il porto a cui miravo.
Per tanti luoghi inssopettati e strani
mi trattenne l’amore, ch’è nemico
ad ogni alto destino
come il vento contrario al navigare:
dove persi il mio tempo
e logorai le forze del mio cuore.
Luoghi a cui, disertati,
non tornerò giammai.
Sí che per me la terra
non è piú che un asilo
vietato, un cimitero di memorie.






Natalia Guinzburg, Le piccole virtù, 1962.
   
Natalia Ginsburg (1916 – 1992) fue una notable narradora italiana nacida en Sicilia y  merecedora del Premio Strega de 1963. En el texto traducido se advierte la llaneza emotiva de la autora, y la hondura con que trata un tema aparentemente trivial. En la obra de esta escritora aparece a menudo una atmósfera casi doliente que no rechaza tampoco las simples alegrías de la vida.
LOS ZAPATOS ROTOS
   Yo tengo los zapatos rotos y la amiga con la que vivo en este momento, también tiene los zapatos rotos. Al estar juntas hablamos a menudo de zapatos. Si me refiero al tiempo en que me convertiré en una anciana escritora famosa, ella enseguida me pregunta: “¿Qué zapatos tendrás?”. Entonces le respondo que calzaré unos zapatos de gamuza verde, con una gran hebilla de oro al costado.
   Yo pertenezco a una familia donde todos tienen zapatos consistentes y lucidos. Es más: mi madre ha debido encargar un pequeño armario hecho a propósito para guardar los zapatos ¡tantos pares tiene! Cuando regreso con ellos profieren fuertes gritos de indignación y dolor a la vista de mis zapatos; pero yo sé que también se puede vivir con los zapatos rotos. En tiempo de los alemanes estaba aquí sola en Roma, y no tenía más que un par de zapatos; si los hubiese entregado al zapatero, habría debido estar dos o tres días en cama, y esto no me era posible. Tuve que continuar usándolos, y para colmo llovía: los sentía deshacerse lentamente, volverse blandos y deformes, y sentía el frío del empedrado en la planta de los pies. Es por ello que también ahora tengo siempre los zapatos rotos, porque me acuerdo de aquellos, y al compararlos, éstos no me parecen tan estropeados, y si tengo dinero prefiero gastarlo en otra cosa, porque los zapatos no me significan algo de mucha importancia. 
   Había estado mimada por la vida de antes, siempre rodeada por un afecto tierno y vigilante, pero en aquellos años aquí en Roma estuve sola por primera vez, y por esto Roma me es querida, aunque cargada de historia para mí, cargada de recuerdos angustiosos, con pocas horas dulces. También mi amiga tiene los zapatos rotos, y por eso nos sentimos bien juntas. Mi amiga no cuenta con nadie que le reproche por los zapatos que lleva; sólo tiene un hermano que vive en el campo y anda con botas de cazador. Ella y yo sabemos lo que sucede cuando llueve y las piernas están desnudas y mojadas, y entra el agua en los zapatos, y entonces surge en cada paso aquel pequeño rumor, aquella especie de chapoteo.
   Mi amiga tiene un rostro pálido y varonil y fuma con una boquilla negra. Cuando la vi por primera vez sentada a una mesa, con gruesos anteojos de carey y su rostro misterioso y airado, con la boquilla negra entre los dientes, pensé que parecía un general chino. Entonces no sabía que tenía los zapatos rotos. Lo supe más tarde.
   Nosotras nos conocemos apenas de pocos meses, pero es como si fuesen muchos años. Mi amiga no tiene hijos; yo en cambio los tengo, y para ella esto es extraño. No los ha visto nunca sino en fotografía, porque están en la provincia con mi madre, y esto es también muy extraño entre nosotras, que no haya visto jamás a mis hijos. En cierto sentido ella no tiene problemas: puede ceder a la tentación de mandar todo al diablo. Yo no puedo. Mis hijos, pues, viven con mi madre y hasta ahora no tienen los zapatos rotos. Pero ¿como serán de hombres? Quiero decir ¿qué zapatos tendrán cuando sean hombres? ¿Qué camino elegirán para sus pasos? ¿Decidirán excluir de sus deseos todo aquello que es agradable pero no necesario, o afirmarán que cada cosa es imprescindible, y que el hombre tiene el derecho de tener los pies con zapatos fuertes e impecables?
   Con mi amiga discurrimos largamente sobre esto, y de cómo será el mundo entonces, cuando yo sea una anciana escritora famosa, y ella ronde por el mundo con una mochila a la espalda como un viejo general chino, y mis hijos vayan por su calle con los zapatos sanos y pulcros en sus pies, y el paso firme de quien no renuncia,  o con los zapatos rotos y el paso holgado e indolente de quien sabe de aquello que no es necesario.
   A veces inventamos matrimonios entre mis hijos y los de su hermano, aquel que anda por el campo con botas de cazador. Conversamos así hasta bien entrada la noche, y bebemos té negro y amargo. Tenemos un colchón y una cama, y cada noche sorteamos quien de las dos dormirá en la cama. A la mañana, cuando nos levantamos, nuestros zapatos rotos nos esperan sobre la alfombra.
   Mi amiga dice a veces que está harta de trabajar y querría mandar todo al diablo; querría encerrarse en un bar y beberse todos sus ahorros, o bien meterse en la cama y no pensar más en nada, y dejar que le corten el gas y la luz: aceptar que todo vaya lentamente a la deriva. Dice que lo hará cuando yo parta, porque nuestra vida común durará poco; pronto me iré y regresaré con mi madre e hijos, a una casa donde no me será permitido llevar los zapatos rotos. Mi madre tendrá cuidado de mí, y me impedirá usar alfileres en lugar de botones, y de escribir hasta altas horas de la noche. Y yo a mi vez tendré cuidado de mis hijos, venciendo la tentación de mandar todo al diablo. Volveré a ser seria y maternal, como siempre me sucede cuando estoy con ellos; una persona distinta a la de ahora, una persona que mi amiga no conoce para nada.
   Miraré el reloj y tendré cuenta del tiempo, vigilante y atenta a cada cosa, y atenderé a que mis hijos tengan los pies siempre secos y calientes, porque sé que así debe ser en cuanto sea posible, al menos en la infancia. Quizá para aprender después a caminar con los zapatos rotos, es bueno tener los pies secos y calientes cuando se es niño.



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Reseñas y encuentros literarios

 
 Tinta Buenos Aires, nos sorprende con la publicación de la colección Considerando en frío. Ensayos de distintos autores sobre escritores reconocidos de la literatura nacional e, incluso, internacional.
   El objetivo es ocupar el espacio que han abandonado los periódicos respecto de la difusión de la poesía y recuperar sus voces representativas, nos dice Ricardo Rubio.
    Algunos títulos:
Roberto Juarroz, la intersección de dos mundos (Poesía y pensamiento), por Rubén Balseiro.
Sobre la poesía de Antonio Aliberti, por Amadeo Gravino.
Elvio Romero – La emoción como afluente del intelecto (Panegírico), por Ricardo Rubio.
Jeton Kelmendi - Cruzada la gran corriente (versión bilingüe epañol/inglés), Jorge Oscar Bach
Ester de Izaguirre – Gesta literaria, bohemia y amistad, Norberto Barleand.
J.O.B
Julio Castellanos. Lugares. Poesía. Ediciones Argos. 1991. 59 páginas.
   El escritor cordobés, nacido en 1947, nos confronta en Lugares, con el sitio en el que se hace fecunda nuestra identidad, donde ya se hizo fecunda la identidad de otros. El lugar, el poema, es atravesado por el tiempo, la emoción, la sensación, la realidad. Julio Castellanos es propietario de un estilo espontáneo; no, descuidado; no, improvisado; un estilo que emerge de la idea acabada que se ciñe al gozo de la palabra.
J.O.B
Lectura distante, FCE, CABA, 2015. 280 p. Ensayo
Este volumen, dado a conocer en 2013, sintetiza los logros críticos del autor y, sobre todo, las perspectivas y proyecciones de sus audaces apuestas. A través de los diez ensayos que lo conforman, el lector va acompañado el itinerario intelectual de Moretti en la conformación de su teoría de la “Lectura distante”, desde el interrogante inicial sobre las condiciones de posibilidad de una “Literatura Mundial” hasta la enunciación de la “Teoría de redes”. 
Claudio Simiz

 

 

Apuntes sobre algunas actividades literarias y sus proyecciones


   En el Galpón Artístico de Caballito, Avenida Avellaneda 1539, CABA, desde el jueves 2 al domingo 5 de mayo, se realizó el encuentro dedicado a Atahualpa Yupanqui, embajador de nuestra tierra y en el año de las lenguas originarias. ENCUENTRO (así, con mayúsculas, como María Zambrano escribe Utopía) que fue apadrinado por el escritor y poeta Carlos Cartolano.
   Fueron cuatro días habitados por la poesía; esa poesía del hombre individual y concreto, situado en este aquí y este ahora.
   La actividad se fue sucediendo  entre mesas de lecturas con poetas de CABA, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Conurbano Bonaerense; diecisiete presentaciones de libros, charlas de especialistas sobre el idioma guaraní, Yupanqui, literatura regional cordobesa, palabras, consignas, silencios de la historia. Incluso, distintas expresiones del arte se manifestaron en las voces de solistas, dúos, acompañados por guitarra, piano y de música electrónica ancestral; además del teatro y de la narración oral.
   Durante el encuentro, por su intervención,  fueron reconocidos por elección de otros poetas: David Sorbille, Pluma de Oro;  Raquel Graciela Fernández, primer premio; Flora Levi, segundo premio. El premio estímulo fue otorgado a Mariana Finochietto; y fueron entregados premios especiales a Mariel Monente y Diego Bennett.
   Las cuatro organizadoras opinaron acerca de su experiencia en Abrazo de voces:
Bibi Albert: Abrazo de Voces es el corazón del año, lo que justifica todo, lo que devuelve con creces, lo que nos hace ser nuestras mejores nosotras.
Alicia Márquez: para mí,  es magia que se renueva cada año. Y la felicidad de saber que la poesía une.
. Malala Copié: Es una red maravillosa que nos mantiene unidos y a salvo, la excusa anual para reunir a la mejor y más querida poesía.
Mariana Toniolo: Es el puente que nos une con lo que más amamos.
Dora González


CAFÉ CON  LETRAS JUNIO

Sábado 15 de junio a las 17.30 horas nos reuniremos en el
Teatro "EL CUBO".  ZELAYA 3053 CABA

PROGRAMA

Dialogarán Ricardo Rubio y Jorge Oscar Bach;
compartirán poemas Claudia Ferradas y Horacio Derrón;
Liliana Corredera presentará el libro Metamorfosis del grito
Frydman, nos compartirá su lectura;
Entrega de premios del Primer concurso literario Café con letras;
y  el tradicional Micrófono Abierto "Susana Fabrykant".


La ENTRADA ES LIBRE Y GRATUITA.


Se agradece la donación de alimentos no perecederos y útiles escolares para ser entregados a comedores y merenderos populares y escuelas públicas .